lunes, 12 de enero de 2009

FLOR DE RETAMA - POR ARMANDO ALVARADO BALAREZO (NALO)

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FLOR DE RETAMA
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Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)
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Conocí a Flor cuando ella tenía seis añitos. Sus padres poseían unos sembríos de pan llevar junto a los de mi abuelita materna. Era una niña bella, dulce y generosa. Muy pocas veces caminaba por las calles del pueblo. En las fiestas patronales se paraba en una de las esquinas de la plaza para ver pasar las comparsas bailando al son de las bandas y orquestas.


En una de mis visitas a la chacra le pregunté:

- ¿Qué quieres ser de grande? -ella sin dudar respondió:

- ¡Tu enamorada! -y se fue corriendo a esconderse en el maizal.

Siempre nos llevamos bien en aquel lugar de ensueño, pese a ser distintos. Ella tranquila y esquiva, yo, travieso y amigable.

Durante las épocas de siembra, riego y cosecha, montábamos burros, buscábamos nidos en los molles y alisos, cogíamos grillos y chapábamos mariposas. Ella preparaba mis comidas calentando al sol: habas y ocas maduras en ollitas de barro. Siempre la recuerdo mirando las yuntas durante la siembra, junto a su gatito 'Chimuco'.



Me recortaba el cabello con tijeras imaginarias o caminaba por los surcos recién arados con una calabacita bajo la chompa, aparentando un embarazo
. Todo era maravilloso en nuestro edén, hasta que inicié mis estudios secundarios. Ya muy poco iba a la chacra; conocí chicas de los centros poblados vecinos que se matricularon en el colegio de la provincia. Mi pequeño mundo cambió de repente.

Una mañana de Sábado de Gloria la encontré en la puerta de la iglesia esperando al párroco. Para ese entonces ella bordeaba los 14 años. Durante nuestra corta charla me confió que deseaba ser monja. La noté apenada; apretó fuerte mi mano y se marchó cabizbaja.

Con el paso de los meses su afición por la sotana y los hábitos hizo que se enamore de un adolescente que estudiaba en el Seminario de Huaraz. Me confesó este secreto una tarde que estaba sentada en una banca saboreando una raspadilla arco iris.

Pasaron los años y Flor sintió una fuerte desilusión al enterarse que su 'Romeo andino', había abandonado el Seminario para estudiar una profesión liberal en Lima. Este hecho la sumió en honda tristeza. Quiso ir tras él, mas sus escasos recursos económicos se lo impidieron. Desde aquel día se dedicó en cuerpo y alma al estudio y al cultivo de su chacra. Su papá acababa de fallecer, y como hermana mayor tenía que ayudar a su mamá en el cuidado de sus hermanos menores.

En los primeros años de la década del ochenta su obstinación por el ex seminarista dio un giro total, pues llegó al pueblo un joven trovador huamanguino que la encandiló con los huaynos cantados por Martina Portocarrero Ramos y los versos del poeta Javier Heraud Pérez. A los pocos días de conocerse viajaron a la provincia sureña de Huanta, donde se instalaron.

Una mañana de abril de 1989 el trovador salió del hogar para nunca más volver, causándole profunda depresión.

A mediados de 1990 conoció en la universidad de Huamanga a un sociólogo de una ONG europea y gracias a su apoyo viajó a Suecia. En Estocolmo estudió ingeniería hidráulica obteniendo el título que le valió para conseguir un trabajo bien remunerado en Västennorrland, donde posee una casa hacienda con vista a los nevados.

Hace unos meses, en circunstancias que tomaba fotos a un grupo de amigos en una fiesta patronal, la vi bailando y cantando al compás de la banda el huaynito 'Flor de Retama' del compositor Ricardo Dolorier Urbano, creado en diciembre de 1970 en homenaje a la Revolución de Huanta del 22 de junio de 1969, contra el infausto Decreto Supremo Nº 006 – 69 / EP de 04 MAR 69, que recortaba la gratuidad de la enseñanza a nivel nacional, obligando a los alumnos desaprobados a pagar 100 soles mensuales.

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Ricardo Dolorier, en círculo
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La belleza de Flor no había decrecido con los años; por el contrario, se mostraba jovial y hermosa. Cuando calló la música me acerqué a tomarle una vista y me pidió que no lo haga. Metió su mano a la cartera, sacó tres fotografías y me las obsequió, pidiéndome velar por la conservación de nuestros glaciares. Las dos fotografías que aparecen al pie, son de paisajes escandinavos muy similares a los peruanos.

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Conversamos unos minutos durante la fiesta recordando tiempos idos; hasta recitó en sueco un trocito de mi poema 'El Chacarero'; según me comentó, una amiga le había enviado por correo electrónico junto a otros de mi autoría.

Al despedirse me pidió proteger la planta de retama que florea en la plaza del pueblo, luego tomó mi mano, y vi brillar sus ojos como en los tiernos años.


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EL CHACARERO

Entre arado, canto y surco
sembré buenas semillas,
las regué con dulce llanto
y fui feliz durante la trilla.

Las que rodaron al camino
se las llevó el fuerte viento,
y desde aquel triste momento
cayeron lágrimas del cielo.

Siempre late en mi mente
el recuerdo del hogar paterno,
donde el sudor de la frente
bendecía al pan fraterno.

Si se persiguen los sueños,
la vida es trigo con destino,
porque desde niños forjamos
nuestro espíritu campesino.

Por eso echemos a la mente,
mil semillas de conocimiento
y cosecharemos diariamente,
libertad de pensamiento.

Nalo Alvarado B - Paris, OCT 84

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