miércoles, 21 de agosto de 2019

LUIS PARDO, EN EL 145º ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO EN CHIQUIÁN - POR ARMANDO ALVARADO BALAREZO (NALO)

 
 
LA JARRITA DEL BANDOLERO

Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)
 
"Sólo quien es capaz de interpretar
el lenguaje de los cuatro elementos de la Naturaleza,
ama con devoción todo lo creado por Dios"

                                                     Aralba

Los hombres de la puna tienen la piel curtida por el viento que se cuela por todos lados; sin embargo, llevan en el alma el calor de la hospitalidad y la paciencia infinita de tanto agradecer a Dios, contemplando en silencio su Creación. Es que saben, quizá como nadie, que los horarios dependen de factores imposibles de controlar sin dañar el ambiente, y que más vale adaptarse y aprender de ellos, que intentar alterarlos. En suma, como dicen los entendidos, mucho de esta sabiduría reside en cientos, sino miles de años de aprendizaje –a menudo cruel y duro- acerca del sutil lenguaje de los elementos, que integra la Cosmovisión Andina. Un idioma que sólo captan los que habitan estos silentes paisajes, no aptos para aquellos que todavía no han aprendido a respetar los designios de la Madre Naturaleza y las leyes del Cosmos.
 

Glaciar Tucu Chira y la Pampa de Lampas

La Puna peruana es inmensa, generosa y limpia. El color de los pastizales muda del amarillo de la estación seca, al verdoso en los meses de lluvia (diciembre / abril). Es raro ver casas agrupadas dentro de un mismo paraje, siempre buscan la compañía de las lomas y las peñolerías, de los arroyuelos, de los caminos y los puquiales. Es un reto interminable del hombre de ichu frente al desamparo estatal, la soledad y la escarcha.

Si bien es cierto que las noches despejadas traen el espectáculo incomparable de miles de estrellas y constelaciones muy brillantes, que producen sombra aún sin la presencia de la Luna, también es cierto que muy pocos predicen con certeza cómo será la próxima noche a campo abierto a más de 4,200 metros de altura: es un secreto que se reservan los pastores y los experimentados caminantes de almas fuertes.
 
 
Pampa de Lampas Alto

En estos lugares no hay nada como una choza para protegerse: muros de piedra y techo de paja, una puertita por donde ingresar encorvado y una pequeña ventana para que escape el humo del fogón y se filtre el aire necesario que alimente el fuego de la crepitante boñiga.
 

LUIS PARDO

Chiquián, 19 AGO 1874 / † Puente Luis Pardo, 05 ENE 1909

Uno de los seres humanos que ayudó a mitigar las penurias de los crianderos y pastores de la Pampa de Lampas Alto, en la última década del siglo XIX y la primera del XX, fue el revolucionario social LUIS PARDO, nuestro recordado “Bandolero Romántico”. Él solía visitar con frecuencia sus chozas para compartir su pan, a cambio de un poco de cancha, leche y calor amigo. Comentan que siempre se le veía sonriente y erguido con su estampa de justiciero, cabalgando con poncho chiquiano, sombrero y bufanda por Toca, Pampa de Lampas, Baños, Yanamarca (otrora manada de Julia Ramírez, esposa de Luis Pardo), Sapahuaín, Tupucancha, Gachirajra, Chonta, Recrec, Huamlajpampa, Cachichurana, Pilapampa, Tinya, Cachirpayoc, Cushish, Plomopampa, Shinuac y Shajsha. En este último lugar se encuentra la cueva de Shajsha Machay, oquedad con varias representaciones grabadas en sus paredes de roca, donde pernoctaba a su paso para guarecerse de la lluvia y protegerse de los rayos, de los salteadores de caminos y de sus furtivos perseguidores.
 

Farallón rocoso, cerca a Tupucancha, 
donde está la Cueva de Luis Pardo

La Cueva de Luis Pardo, 
con abundante muestra de arte rupestre

¡Entonces!: ¿cómo no volver tras las huellas de Luis Pardo?, ¿cómo no retornar a este mítico edén salvaje cada vez que se acelera el corazón?, ¿cómo no querer subir los cerros morenos para explorar desde lo alto, los caprichosos perfiles de los roquedales de Shajsha?, ¿cómo no querer pulsar las viejas guitarras de los crianderos, y tener entre las manos los píncullos sonoros de los esquivos pastores?.... ¡cómo no querer volverrrr!, grito, y el eco de mi voz se multiplica en la lejanía...
 
 

***

Aquel día de febrero de carnavales de 1960, la manada de Tupucancha amaneció festiva. La tarde anterior había terminado de construir un circuito carretero junto al puquial que serpenteaba manojos de ichu, huamanripa y escorzonera, y el pequeño puente hecho con pedazos de teja, barro y listones de carrizo, estaba listo para ser estrenado. Sólo faltaba echarle agua al corto arroyuelo y después jalar con hilo de lana mi carrito de lata de portola por la zigzagueante vía de 10 centímetros de ancho, incluida la cuneta.

- Mamá Catita ¿me puedes prestar la jarrita? –le dije a mi abuelita, señalando un recipiente de arcilla que estaba descansando sobre un aparador de madera.

- Para qué la quieres hijito.

- Para echar agua al arroyito que he construido junto al puquial, mamita.

- No hijito, es la jarrita donde mamá Lipuquita invitaba leche a Luis Pardo, mejor llévate este balde.

Así comenzó la historia de la jarrita. Desde aquel entonces, cada vez que visitaba Tupucancha, no había día que no me detuviera, aunque sea por unos segundos, a contemplarla; hasta que una mañana de fines de marzo de 1963, en circunstancias que me despedía de la Puna al culminar mis vacaciones escolares, mi abuelita me dio una grata sorpresa.

- Cuídala hijito –dentro de una caja de cartón, protegida con lana de oveja, reposaba la  amada jarrita.

Ya en Chiquián la guardé en el velador de mi dormitorio, y allí permaneció año tras año, acariciada por el tiempo y el recuerdo. Desde ese día, cuando visitaba Chiquián en las fiestas patronales, abría el velador para volverla a contemplar; y sin darme cuenta se fue convirtiendo en una obsesión, hasta que una fría noche de mayo visitó la casona de Jircán, Roberto “Sopón” Barrenechea Martel, viejo amigo de mis andanzas adolescentes. Conversamos de todo en penumbra, especialmente de la jarrita y las bondades de su fundo “Pancal”, antigua propiedad de la familia Pardo Novoa.
 
 
Fundo Pancal
 
GelacioTafur Anzualdo, 'Sopón' 
y Roby Barrenechea Ibarra (Chiquián)

Durante la amena charla, Sopón me comentó que tenía dos lajas del corredor de la casa por donde caminó Luis Pardo, e inclusive poseía una piedra, con el que según él, nuestro bandolero romántico cazó un venado a 50 metros de distancia. Llegada la medianoche se despidió, asegurándome traer al día siguiente las dos lajas y la piedra cazadora, para que junto con la jarrita la llevemos al museo del pueblo.

En vano esperé tres días, que me parecieron eternos. Al estar próximo mi viaje de retorno a Lima y, en vista que Sopón no regresaba, tomé la jarrita, más una olla y un porongo de la época de los “gentiles”, que estaban guardados en el altillo de mi casa, y con la frágil carga al hombro enrumbé hacia el museo.

En momentos que tocaba la puerta hizo su aparición “Muñequita”, una carismática dama para quien el tiempo no pasa, y muy famosa en Chiquián por su coraje frente a los toros bravos en las corridas de septiembre, quien al ver los recipientes dio media vuelta, y sin levantar la mirada se fue caminando de puntillas pegadita a la pared.

Convencer al administrador del museo para que reciba "los tesoros" no fue nada fácil. Tuve que relatarle una y otra vez la historia de cada uno de los recipientes. Cansado de gastar palabras por más de una hora, le pedí que conserve las piezas en su poder, y que si era necesario, las sometan a datación con carbono 14. Firmé un papel como constancia y me marché satisfecho del lugar.

Cuando me encontraba a dos cuadras de mi casa, una vecina me dio el alcance, alertándome que “Muñequita” le había contado a mi papá Armando, que me había visto regalando a don Arturo Aldave Reyes, los utensilios de cocina de la familia.

Puesto en sobre aviso llegué a la puerta, justo cuando mi papá salía con la intención de recriminarme; pero sin darle tiempo para que lleve a cabo la reprimenda, le manifesté que había cumplido el encargo de mi difunta abuelita de internar en el museo del pueblo la jarrita donde Luis Pardo tomó leche fresca en la manada de Tupucancha. Para mi asombro me dijo sonriente, que tenía guardada bajo 7 llaves una fotografía inédita de la legendaria Julia Ramírez (esposa del bandolero romántico), prima de mi abuelita Victoria Montoro Ramírez, por lo que con cierta sorna le respondí, que dicha foto donde aparece tocando arpa, 'alguien' le había prestado al escritor Alberto Carrillo Ramírez para que ilustre su libro, y que además, mi hermano Felipe ya había insertado la foto en una de las páginas chiquianas de la Internet. Al escuchar el dato, mi querido viejo se rió a carcajadas y se fue de prisa tras las menudas trenzas de la “Muñequita” con cintura de alambre... 
 

Casa de Julia Ramírez en Chiquián 
(Figueredo con Comercio)

No supe más de las dos lajas y de la piedra cazadora, pero hace un tiempo visité el museo en plena lluvia y hallé la jarrita convertida en florero, la olla estaba recibiendo las lágrimas de una gotera; y del porongo, mejor no les cuento...
 

Mausoleo de Luis Pardo 
Cementerio de Chiquián
 

   
HIMNO A LUIS PARDO

Armando Alvarado Balarezo (Nalo)

Florece en la tierra una bella historia,
y se eleva al cielo un grito inmortal,
trinan las guitarras melodías de gloria
desde Chiquián hasta Pancal.

Hermano solidario del desvalido,
héroe anónimo de la justicia social
en tu memoria el pecho se agranda
cantando un huayno en el pajonal.

Desde el Huayhuash hasta el Tucu Chira,
sembraste en tu ruta laureles solidarios
llevando abrigo a los parajes solitarios,
bajo los ojos del que todo lo mira.

Luis Pardo, bandera de libertad,
fuiste grande en el corazón del Ande
y más grande frente a las balas asesinas,
que te despojaron de todo, menos del Sol.
 
 
 

Fuente:

- CHIQUIÁN: "Sentimientos"
- CHIQUIÁN: "Mis Cantares"
- CHIQUIÁN: "Relatos Campesinos"
- CHIQUIÁN: "El Juguete y Otros Cuentos" 
 
 


Luis Pardo y sus amigos 
Imagen: Familia Pardo Loarte
 

LUIS PARDO:

Aquel 5 de enero

Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)

Como el cóndor alzaste vuelo
batiendo tus sangrantes alas,
abajo los cuervos quedaron:
¡revoloteando en el suelo!.

Tu Chiquián se ahogó en llanto,
no cantaron los pájaros
ni doblaron las campanas,
¡de dolor!!!!, por el hijo amado.

Fuiste indómito en el amor,
buen amante y compañero,
que hasta a la Muerte hiciste delirar,
sobre el lecho de un río embravecido.

Pero no sufras más, Bandolero,
que tu Andarita no está solita,
ella florece con el viento,
con el Sol y la lluvia.

Hoy, un siglo después,
sigues cabalgando bajo la Luna,
cuando el pueblo duerme,
allí, donde retumba el trueno.

Ya un día no muy lejano
¡estaremos frente a frente!,
tú me tenderás la mano,
yo te daré un abrazo de hermano.

Chiquián, 5 ENE 2009

Chiquián y la Cordillera Huayhuash
 
 

LUIS PARDO, EL POETA DEL VIENTO

Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)

"LUIS PARDO:
Hombre con temple de acero 
y corazón de niño.
Un Quijote de la justicia social;
causa motriz de su acendrado espíritu telúrico'

Aralba - Chiquián, 30 AGO 1988.
 
 
 
Como todos sabemos, el 19 de agosto de 1874 nació en Chiquián, en aquel entonces capital de la provincia de Cajatambo, LUIS PARDO NOVOA. * Sus aventuras que tuvieron lugar a fines del siglo XIX e inicios del XX, han sido recreadas por la imaginación popular con diferentes aromas y matices. Pero todos concuerdan que fue un hombre generoso, valiente y con un alto sentido de justicia frente a la opresión y al descontento social. Vida y obra que apasiona a cualquier ser humano ávido de saber.

(*) Líneas tomadas por Wikipedia del libro Relatos Campesinos de Nalo Alvarado Balarezo.
 

Lugar de la emboscada. Foto: NAB

El 5 de enero de 1909 Luis Pardo fue salvajemente asesinado en un paraje del distrito de Cajacay cuando estaba en la flor de su existencia: 34 años. Unos dicen que fue victimado en el río Tingo por un grupo de pobladores liderados por el gobernador de Cajacay; otros comentan que fue el sanguinario sargento Alvaro Toro Mazote con el apoyo de sus gendarmes; pero quién haya sido, aquel día murió en vida e inmortalizó al justiciero romántico, dando paso a la LEYENDA que flamea como llama votiva en el corazón del pueblo que tanto amó. Lamentablemente en este tipo de episodios donde la trilogía: traición, saña y odio visceral, imperan, es frecuente ver que aves de rapiña como Toro Mazote, se disputen las piltrafas de la gloria efímera, ocultando a los ojos de la historia la realidad de los acontecimientos. Pero con seguridad, aquel que jaló el gatillo o tiró la piedra contra el sempiterno, tuvo la muerte moral más dolorosa que ser humano puede soportar...
 

Luis Pardo y Celedonio Gamarra (Plaza de Chiquián).
Foto: Perfecto Bolarte
 

Dos fotografías de los últimos días de Luis Pardo.
Foto: Familia Zúñiga Gamarra
 
 Partida de Defunción de Luis Pardo. 
Foto: Nalo Alvarado B.
 
 Partida de Defunción de Celedonio Gamarra. 
Foto: Nalo Alvarado B.
 
 

 
La noche del viernes 16 de diciembre del 2005, el escritor Walter Ventosilla Quispe nos legó el libro 'LUIS BANDOLERO LUIS', que se suma a las obras de los escritores, compositores y poetas: **José Diez Canseco, Enrique Cornejo Villanueva, Alberto Carrillo Ramírez, Abelardo Manuel Gamarra Rondo “El Tunante”, Manuel Justo Arredondo, Raúl Zárate Aquino, Oscar Colchado Lucio, Julio Rosas Olivera Ore, Darío Mejía, Pedro Arana Quiróz, Filomeno Zubieta Núñez, Augusto Escalante Apaéstegui, Vidal Alvarado Cruz, Mario Reyes Barba, Alejandro Aldave Montoro, Alex Milla Curi, Héctor Gamarra Espinoza, Mauro Aquino Albornoz, Guillermo Pardo Novoa, Sonia Pardo Loarte, Luis A. Ramírez S., hijo de nuestro recordado 'Cholo Fidel' Ramírez Lazo, entre otras pródigas plumas que nos han obsequiado semblanzas, cuentos, poemas, dramas, canciones e himnos.

(**) Lista de escritores tomada por Wikipedia del libro Relatos Campesinos de Nalo Alvarado B.

Durante la presentación de su libro, el dramaturgo Walter Ventosilla nos dejó este mensaje antes de retornar a Nueva York: 'Luis Pardo seguirá cabalgando mientras se le recuerde con cariño y se escriba sobre su vida y obra'.
 

Chiquianos con el autor del libro.
 Foto: Felipe Alvarado Balarezo

De niño y también de adulto surqué aquellos parajes por los que LUIS PARDO cabalgó dos días antes de la infraterna emboscada: Baños, Yanamarca, Sapahuaín, Tupucancha, Shajsha Machay, Alalaj Machay, Cuta Tinya, Putuccacca, Huamanquinpunta, entre otros lugares. Él venía de su hacienda Pancal herido de una mano y se dirigía a la costa.
 

Laguna de Conococha (Chiquián)
Foto: Nalo Alvarado B.

En estos fríos territorios escuché decir a los crianderos: Gregorio Calderón Calderón, Zoila Pardo de Calderón, Catita Calderón Alvarado, Honorata Anzualdo de Morán y Virginia Anzualdo Padilla, que cuando los visitaba el justiciero social, su trato era amigable, fraterno y siempre se solidarizaba con sus necesidades. Mi mamá Jesús lo llamaba 'corazón valiente' y nos repetía que Luis Pardo era amigo del trueno, de la escarcha y de los pajonales; compañero inseparable de la luna llena, de la lluvia, del viento, de la neblina y de los caminos solitarios. También comentaban que lo veían escribir poemas y canciones.

Este último dato me sedujo para averiguar durante varios años sobre la autoría del hermoso himno: 'EL CANTO DE LUIS PADO'. Después de tanto hurgar en el pasado oral y lo escrito he llegado a colegir que dicha creación poética (premonitoria) es del propio LUIS PARDO. Años después, en base a esta obra poética, Abelardo Gamarra 'El Tunante' escribiría el vals 'LUIS PARDO', conocido también como 'LA ANDARITA'. Al pie el canto y el vals.
 

 
EL CANTO DE LUIS PARDO
 
Por Luis Pardo Novoa

Ven acá mi compañera;
ven tú, mi dulce Andarita,
tú sola, sola, solita,
que me traes la quimera
de aquella mi edad primera,
que en el campo deslizada,
junto a mi madre amada
y de mi padre querido,
era semejante al nido
que hace el ave en la enramada.

Ven, consuela al solitario
que por jalcas y oconales,
sin hallar fin a sus males,
va arrastrando su calvario.

Fue el destino temerario
al empujarme inclemente,
como por rauda pendiente,
desde lo alto del peñón
se desgaja algún pedrón
que rueda y cae inconsciente.

A mi padre lo mataron,
mi madre murió de pena;
ella, tan buena, ¡tan buena!
¡Ellos que tanto me amaron!
Con ambos me arrebataron
lo más que en el mundo quise.

Pero aún la suerte me dice:
“Ama, adora a una mujer”,
que hube también de perder…
pues nací para infelice.

De entonces, ¿qué hube de hacer?
Odiar a los que me odiaron;
matar a los que mataron
lo que era el ser de mi ser;
en torno mío no ver
sino la maldad humana;
esa maldad cruel, insana,
que con el débil se estrella,
que al desvalido atropella
y de su crimen se ufana.

Por eso yo quiero al niño;
por eso yo amo al anciano;
y al pobre indio, que es mi hermano,
le doy todo mi cariño.

No tengo el alma de armiño
cuando sé que se le explota;
toda mi cólera brota
para su opresor, me indigna
como la araña maligna
que sé aplastar con mi bota.

Yo aborrezco la injusticia;
yo quiero al que es desgraciado,
al que vive abandonado
sólo por torpe malicia;
yo maldigo la estulticia
de tanta gente menguada,
porque al fin de la jornada,
puesto que la vida es corta,
la vida a mí qué me importa
porque ¿qué es la vida? ¡Nada!.

De mi provincia las peñas
y el viento de mis quebradas,
me delatan las pisadas
del que me busca en las breñas;
hasta las ramas son señas
que de la suerte merezco;
ni me asusta ni padezco
si alguien me mira altanero;
yo soy como el aguacero,
que al soplo del viento crezco.

Brama, brama, tempestad;
ruge, trueno, en el espacio,
¡Bendito sea el palacio
de la augusta Libertad!
Cielo, con tu inmensidad
vas mis pasos amparando.

El rayo me va alumbrando
si viene la noche oscura,
en medio de su negrura
para seguir caminando…

Llega la noche. En el cielo
salta la luna serena;
dentro del pecho mi pena
parece hallar un consuelo;
sobre el campo, blanco velo
se extiende, y como visión,
detrás de cada peñón
parece ver a mi amada,
que viene como escapada
a buscar mi corazón.

Cae la noche, en el cielo
surge la argentada luna,
triste como mi fortuna,
sola cual mi desconsuelo.

A su luz beso el pañuelo
que me dio a la despedida,
que en su llanto humedecida
besó ella con pasión loca
y que guarda de su boca
la huella siempre querida.

Y me persiguen, ¡traidores!
siempre fueron sin entrañas,
les espanta mis hazañas
que no son sino rencores.

¿Dónde están mis defensores?
Para mí, nadie es clemente;
nadie piensa, nadie siente.

¿Quieren matarme?, ¡en buena hora!
Que me maten si es la hora,
¡pero mátenme de frente!.
 
 

LUIS PARDO

(Vals)

Letra:

Abelardo Gamarra

Música:

Justo Arredondo


Ven acá mi compañera,
ven acá dulce Andarita,
tú sola, sola, solita,
que me traes a la quimera.

De aquella mi edad primera,
en los campos desdichados,
junto a mi madre amada,
y de mi padre querido,
era semejante al nido,
que hace el ave en la enramada.

Por eso es que quiero al niño
amo y respeto al anciano,
al indio que es mi hermano,
le doy todo mi cariño.

Yo tengo el alma de armiño
cuando veo que se explota,
toda mi cólera brota,
y de tristeza me indigno;
cual una araña maligna,
que hoy aplasto con mi bota.

Surge la pálida Luna,
sobre la noche serena,
allá en los campos de avena,
se mece como visión.

Detrás de cada peñón
parece ver a mi amada,
que viene como escapada,
en busca de su corazón.

Si me persiguen traidores,
siempre fueron sin entrañas
se espantan de mis hazañas
que no son si no rencores.

Dónde están mis defensores,
ya para mí no hay clemencia,
si han de matarme en buena hora,
pero mátenme de frente.

Yo soy señores Luis Pardo,
el famoso bandolero.

Fuente:

Página eletrónica del Club Chiquián (2006)
 
 
 

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