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BAJO LA LLUVIA DE DICIEMBRE
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Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)
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BAJO LA LLUVIA DE DICIEMBRE
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Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)
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Como una manera de relajarme de la tensión escolar, iba a Shapash para caminar descalzo por la orilla del arroyuelo, sintiendo las piedrecillas bajo mis pies.
Cierto día de inicios de diciembre estaba haciendo un mini safari entre las sacuaras del escarpado, cuando retumbó el trueno. Levanté la vista, y el cielo, que minutos antes era azul, se tornó gris y empezó a llover. Me puse los zapatos como pude e inicié el retorno.
No sé cuántas veces caí durante el ascenso, lo cierto es que llegué al paraje de Tranca todo empapado y con lodo hasta en los codos. Allí me cobijé bajo un umbral y el cansancio hizo que me durmiera. Una buena samaritana que caminaba por ahí, se apiadó y me despertó, serían como las 7 de la noche. Era una mujer de unos 37 años, de rostro ovalado, labios carnosos y dientes perfectos. Se sentó a mi lado y empezó a tranquilizarme, luego me pidió que la acompañara a su casa para que mi ropa se seque junto al fogón. Acepté y caminamos por el sendero que va a Quihuillán. Ya en su cocina puse mi ropa cerca del fuego y me abrigué con su pañolón.
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Mientras el calor secaba mi ropa, ingresamos a su dormitorio, se quitó el faldellín y se metió a su cama, diciéndome:
- Siéntate en ese banquito hasta que tu ropa esté seca y te vas a tu casa, no te olvides de cerrar la puerta antes de marcharte.
Como a los diez minutos me quedé dormido, perdí el equilibrio y rodé al piso. Al oír el ruido se levantó y me recostó en su cama. Por la ventana ingresaba la luz de la luna que brillaba con las gotas de lluvia y pude ver su bello perfil. Entonces me hice el dormido y puse mi tez sobre su ombligo y sentí erizarse su piel. La acaricie y no me reprochó, por el contrario, comenzó a explorarme: de pronto, el sonido de unos cascos la asustó:
- Es mi marido, agarra tus cosas y vete por la chacra del costado -en un santiamén atravesé Quihuillán con mi ropa en la mano, mientras la lluvia seguía cayendo...
(De las Memorias de un Tinyaco - 541)