viernes, 20 de enero de 2017

TÍO PABLITO: AL AÑO DE SU PARTIDA - POR ARMANDO ALVARADO BALAREZO (NALO)

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RECUERDOS
 
La Vergne, 19 de enero de 2016

HOLA SHAY:

Hoy La Vergne amaneció gélido, pero hace unos minutos asomó el sol, y con él llegó un pichuichanca. Se posó en la ventana. Durante unos segundos estuvo observándome, y yo al pajarillo. Cuando emprendía vuelo un mensaje de Lima ingresó a la bandeja de entrada del correo electrónico: 

“Queridísimo hermano Nalito, nuestro amado Pablito acaba de partir a la Casa del Padre... oremos para que Dios lo reciba con amor y alegría. Un abrazo inmenso. Unidos más que nunca: Durid, Pablo y Nancy”. 

El sol ha vuelto a ocultarse en La Vergne. En estos momentos siento mi corazón hecho pedazos. Tío Pablito vino a despedirse. El pichuichanca es la avecilla que nos identifica a ambos desde mis tiernos años en Tupucancha. 

Recuerdo como si fuera ayer un frío amanecer de enero en la Puna (1960). Todo estaba helado: los cerros y la pampa cubiertos de escarcha. Corrí hacia el lugar donde dormía “Evaristo”, mi amigo pichuichanca. Metí la mano dentro de una grieta de piedra y lo saqué entumecido. No daba señales de vida. Lo puse junto al fogón y su cuerpecito se cubrió con el fulgor de las llamas crepitantes. Me puse a orar por mi amigo querido. Tío Pablito ingresó a la cocina, y se quedó contemplando la escena en silencio. Luego me dijo:
 
- Va a vivir hijito, no te preocupes, lo has traído a tiempo. Dios no lo abandonará, oremos juntos. 
 
Dicho y hecho, a los pocos minutos Evaristo movió sus pequeñas alas. Nos abrazamos emocionados con tío Pablito y dimos gracias a Dios por haber salvado a Evaristo. Unas horas después los tenues rayos solares nos animaron a sacar al pajarillo de la cocina. Lo pusimos de pie sobre el techo de paja de la choza colindante a la casa, y una vez más alzó vuelo hacia Shajsha, como lo venía haciendo desde el 10 de diciembre del 59, día del inicio de mis vacaciones escolares en Tupucancha.
 
Velorio:
 
A partir de las 5 de la tarde de hoy martes 19, en el Velatorio de CAFAE-SE, de la Av. Petit Thouars 493- Santa Beatriz, LIMA.
 
Sepelio:
 
Mañana miércoles 20 a las 4 de la tarde en el Cementerio Parque del Recuerdo de Puente Piedra.

DESCANSA EN PAZ TÍO PABLITO (PABLO CALDERÓN ANZUALDO)

MUCHAS GRACIAS POR AMARNOS TANTO
 
Con profundo dolor,
 
Nalo

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EL PUQUIAL

Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo) 
 
"Los puquiales brotan del corazón de la cordillera.
Son lágrimas santas que calman la sed de la Tierra".
                           Ernestina Yábar de Calderón 
 
Aquella mañana de enero de 1959 el sol ya rodaba por los cerros cubiertos de ichu, cactáceas, huamanripa, colahuiru y escorzonera. La noche anterior llegué a Tupucancha para pasar mis vacaciones escolares.

En uno de los corrales de la manada, mi abuelita y dos pastoras ayudaban a Cristina a traer al mundo a su primera cría.

- Es demasiado grande el ternero doña Catita, pobre Cristina, está sufriendo desde la madrugada.

- Ten paciencia Lucinda, todo va a salir bien. Mantén la calma.

Minutos después vino al mundo el hijo de Cristina, concluyendo el parto con la expulsión de la placenta.

- Abuelita ¿y quién es el padre del ternerito?

- Es aquél, hijito -me dijo señalando a un enorme toro negro, y desde ese momento quedó bautizado con el nombre de Leonardo, recordando a un viajero corpulento que conocí en el poblado de Conococha.

Indagando sobre el origen de Leonardo me enteré que mi papá lo había traído del Callejón de Huaylas a fines de la década del cuarenta, para mejorar la raza del ganado vacuno de propiedad de la familia.

Cada mañana íbamos con las reses a una lejana meseta de abundante pasto y agua. Leonardo, como todo buen padre, caminaba feliz a la cabeza del grupo.

Pasó el tiempo y asomó la vejez. Sus años de padrillo (semental) concluyeron, mas no fue sacrificado, gracias al cariño que los pastores le tenían.

Pronto llegó la mañana en que ya no pudo acompañar al grupo, por más que acariciábamos su frente para estimularlo. Entonces mi abuelita decidió mantenerlo pastando por inmediaciones de los corrales. Leonardo se sentía contento durante el día en una pequeña hondonada llena de matas de pasto fresco.

Cierto día de marzo de 1962 visitó Tupucancha mi tío Pablito (Pablo Calderón Anzualdo), a quien le conté lo ocurrido con Leonardo, y esta fue su explicación:

“En dicha hondonada hay un puquial para felicidad de Leonardo, pues ya no tiene que caminar grandes distancias, como lo hacía de joven y adulto, para calmar su sed. La vejez es así, hijito, no solamente en los animales sino también en los seres humanos. Cuando las piernas ya no obedecen y la vista se opaca, las mejores medicinas son: el agua, los alimentos y el afecto al alcance de la mano. Esa es la ley de la vida, del que nadie que llega a viejo se escapa. Muchos comentan que en el África los elefantes tienen sus propios cementerios, pero no es así, lo cierto es que los elefantes y los animales silvestres en general, cuando sienten con mayor intensidad el peso de los años, buscan estar lo más cerca posible de un ojo de agua, de un río o de una laguna, y permanecen por los alrededores hasta el momento final. El agua del puquial donde abreva Leonardo va directamente a la laguna de Conococha, a través de una canaleta que construyeron tus bisabuelos para que no se desperdicie ni ocasione aniegos; ellos siempre mantuvieron limpios los puquiales y los cursos de las aguas. Cuidemos el agua, porque sin ella la Tierra no tendría vida. Te trasmito esta experiencia existencial para que la difundas a las nuevas generaciones, augurándoles una vida feliz en armonía con la Madre Naturaleza.”
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PUQUIAL, también llamado: ojo de agua, manantial, naciente o espejo de agua, es una fuente de vida que fluye del subsuelo, donde late el corazón de la Tierra, nuestro amado hogar.

Los puquiales son muy sensibles a los contaminantes líquidos, sólidos y gaseosos que deterioran sobremanera la calidad del agua haciéndola dañina para la salud y la vida.

Hay puquiales de caudal constante durante los 365 días del año, como los que tributan sus cristalinas aguas a la laguna de Conococha, sobre todo en los meses de menor precipitación (lluvia, granizo, neblina), pero también existen puquiales que se agotan debido a la sobreexplotación o en épocas de grandes sequías.

El proceso natural de eliminación de contaminantes (autodepuración) de las aguas subterráneas es más lenta que la descontaminación de las aguas de superficie, máxime en las altas cumbres donde se produce poca evaporación, lo que no contribuye a la pronta degradación de las bacterias; por tanto, el envenenamiento puede permanecer largos períodos ocasionando daño a los seres vivientes.

De ahí que en este Milenio nos encontramos frente a un nuevo desafío: construir y consolidar una cultura de respeto irrestricto a las leyes de la Naturaleza, en cuyos postulados tenga prevalencia el cuidado del líquido elemento vital; solamente así, como recomienda mi tío Pablito, garantizaremos una vida digna a las generaciones venideras.
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[CONOCOCHA.bmp]
Laguna de Conococha - Chiquián, ANCASH
 
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Tío Pablito y Kristie
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TÍO PABLITO
 
Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)
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Hace 85 años mi querido tío PABLO CALDERÓN ANZUALDO vio la luz primera en Chiquián. Parte de su generosa vida, como fuente principal de mi narrativa, discurre en 4 tomos que obran en las bibliotecas de "Espejito del cielo". Hoy, 6 de marzo del 2009, que mi primo Pablín cumple un año más de fructífera existencia, quiero contarles un poquito más sobre su adorado padre.

Club Chiquián - Foto: NAB
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Hombre sencillo y noble, pero con la fortaleza del ichu de Sapahuaín que no se amilana ante la escarcha que lo congela todo con su manto blanco. Hermano cariñoso de los aguash de la laguna de Conococha y de los liclish de acrobáticos vuelos que con sus sonoros lic, lic, lic, lic, nos reciben en la Pampa de Lampas.
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En el Club Chiquián - Foto: NAB
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Cada vez que en las tertulias sabatinas evocamos en familia los gratos años del ayer, retorno con el pensamiento a Chiquián y siento el sabor de la caña y las tiernas habas que pañaba con mis amigos al amparo de la cómplice luna. En otras ocasiones cierro los ojos y en mi mente se renueva la vida en las chacras de Ninán; de pronto me veo contemplando el valle del Aynín, junto a tío Pablito, Felipe, mis mamás: Catita, Jeshu y Tina, descansando en los surcos con las fatigadas yuntas y la reja del arado, tan limpia como el alma de los chiuchis del Huayhuash. 
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Casa de la familia Calderón Yabar en Chiquián - Foto: Luis Cuadros
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Tío Pablito cada fin de mes visita nuestra tierra, y no lo hace por necesidad de bienes materiales que siempre faltan, sino porque a sus 85 bien llevados años se siente un vigoroso caminante bajo el ulular del viento pampero y un próspero comunero de espigas y trinos en Macpún, tareas a campo abierto que marcaron su infancia y juventud con gotas de lluvia y rayos de sol, dotándole de un espíritu telúrico a prueba de truenos y desarraigo.
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Ticllos - Foto: Marco Calderón Ríos
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Recuerdo sus clases ecológicas de enero a marzo en el asomar de los sesentas. Verlo llegar de Ticllos a Tupucancha cabalgando por Gachirajra en dúo con mamá Tina con sus mandolinas en bandolera, ondeando en cada trote de caballo las alforjas azulinas con papas roqueñas, era para Mirtha, Felipe, Durid, Pablín y para mí, días de júbilo, pues en los días que se quedaban nos enseñaban a leer libros y a escuchar con los oídos bien abiertos los mitos y leyendas que nos narraban los pastores. También nos enseñaban a rasgar las duras cuerdas de sus mandolinas viajeras, a cabalgar a pelo y con montura, a truchar, a orar, a curar a las ovejas y al ganado vacuno; pero sobre todo a respetar las leyes de la Naturaleza.
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Valle del Aynín - Foto: Marco Calderón Ríos
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Guardo en el arcón de mis recuerdos, la vez que trepado en una pirca con mis alas de sacuara y papel cometa, quise volar sobre el río Aynín y rodé en el intento, lastimándome las manos y las rodillas; entonces mamá Tina me dijo: “un día volarás hasta el Sol aunque se te quemen las alas como a Ícaro, y yo, te estaré esperando”. Hoy, cuando meditamos con tío Pablito sobre las palabras de nuestra siempre recordada maestra rural, vemos con más claridad espiritual que la meta no está en la Tierra sino junto a Dios, donde solamente se llega a corazón batiente, aun cuando se nos quiebren las alas en la conquista de nuestros sueños.
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Pampa de Lampas y el Tucu Chira - Foto ANI

No olvido el primer relato que escuché de labios de tío Pablito, camino al desolado Recrec, sobre aquel samaritano ciego que sabía de memoria la ruta, pero que prefería andar en las noches sin luna con un candil en la mano para que sus amigos videntes no tropiecen con las piedras del camino. También recuerdo aquella tarde de aguacero y sol en marzo de 1962, en que apareció en el Tucu Chira un bello arcoíris. Tío Pablito, en su afán de desarrollar mis fantasías me relató que en tiempos remotos se desató una fuerte discusión entre los colores. El rojo decía ser el más importante, porque en las guerras corren ríos de sangre. El amarillo se jactaba diciendo que el oro lo compra todo. Los demás colores ponderaron cada cual sus méritos y no se hizo esperar una declaratoria de guerra. Los apus tutelares al contemplar este triste desenlace, se pusieron de acuerdo y crearon el arco iris como símbolo de hermandad. Cuando los colores vieron la belleza que juntos irradiaban, se sintieron felices y desde entonces nos llenan de embeleso el alma.
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Señor de Conchuyacu - Foto: Luis Cuadros

Cuántas enseñanzas a través del tiempo hemos recibido de su parte: sus hijos, nietos y sobrinos; cuántas caídas de bruces evitamos en nuestras vidas al tomarlos en cuenta cada día. Cito algunos como ejemplo: 'un buen pastor es aquel que con su labor protectora obliga al astuto zorro a buscar otro rebaño donde saciar su hambre'; 'el estudio es la mejor refrigeradora para congelar la ignorancia', 'solamente somos dueños de la felicidad que brindamos a los demás'; 'los días más vacíos son los más pesados de llevar a cuestas', 'bendice al que te daña, porque te hace crecer como ser humano'; 'El cóndor planea en plena tempestad, porque conoce el poder de sus alas', 'no ganan la gloria los que critican desde las palincas, sino los que se juegan la vida en el ruedo'.

Cactus de la puna - Foto: ANI

Una mañana de febrero de 1960 tío Pablito me obsequió feliz un hermoso cactus de flor celeste y lo replantamos cerca del puquial. Al atardecer, el pastor Moreno descubrió con asombro la planta. Entonces le comenté sobre el regalo y me llevó a los roquedales de Shajsha en cuya cumbre florecían plantas de ese vistoso color.
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Roquedales de la puna - Foto: ANIt
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En vano tratamos de llegar hasta la cima, pero nos contentamos viendo desde una cornisa de granito, que entre dos cactus de flores celestes la tierra estaba removida. Esa mañana al ver el riesgo que corrió tío Pablito por darme unos momentos de dicha, hizo del obsequio algo invalorable.
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.MI PRIMERA BIBLIOTECA
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Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)
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Están frente a mis ojos los libros que me han obsequiado por mi santo. Hace cuatro meses mi mamá acudió al llamado del Señor, y estas siete obras de los autores peruanos: César Vallejo, Alberto Carrillo, Abraham Valdelomar, José María Arguedas, Vidal Alvarado, Juan Ramón Ribeyro y José Portugal Catacora, ayudarán a mitigar el dolor lejos de la Patria. Con las 7 obras y 15 libros más, entre ellos 4 de escritores ancashinos que he traído de Lima, iniciaré la construcción de una biblioteca en los feudos del “Tío SAM”, para que a mi retorno al Perú, mis hijas y nietas me recuerden leyendo y escribiendo…
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Son las 8 de la mañana y viene a mi mente la imagen de mi primera biblioteca, y con los apuntes de mis viejos cuadernos “Minerva”, escribiré en Lima sobre ella.
 
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.. Nashville TN, 15 JUN 2002 
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(Pág. 768 - DIARIO DE UN TINYACO)
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Hace dos meses, en enero de 2004, estuve en “La Huacachina” con mi pequeña Angie en brazos, y sentí nostalgia viéndola solitaria y descuidada. Unas décadas atrás era un hermoso oasis muy visitado por turistas nacionales y extranjeros, ahora languidece, las palmeras y acacias tienen las hojas cubiertas de polvo. Los mercachifles dormitan junto a sus baratijas y ungüentos de boa para la reuma.
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Las casas que la circundan están abandonadas a su suerte, con sus paredes salitrosas a punto de desmoronarse. Hay dos restaurantes poco atractivos y diez botes a pedal de diferentes colores que desentonan el paisaje natural. Cinco beodos sueñan y roncan espantando a las moscas. Uno que otro taxista camina amodorrado por el fuerte calor.

Cuando pregunté a los taxistas iqueños por la situación de la laguna, las respuestas fueron las mismas, hasta parecían calcos: todos guardaron silencio.
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El 15 de enero último visité Ica para acompañar a mi amigo Luis Abad Guzmán a donar libros a una escuela Primaria de San Andrés. Él es ingeniero y trabaja las tierras iqueñas desde hace 15 años..
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Esta visita quedará latiendo en mi memoria, pues andar más de dos horas entre la orilla del mar y una hilera de casitas rústicas de paredes de barro y caña, con techos livianos de un pueblito de hombres de mar, fue una grata experiencia de vida. 

La paz en San Andrés es indescifrable. Caminar escuchando el arrullo del vaivén de las olas y oteando pequeños botes con sus remos cual manos curtidas reposando de la dura pesca artesanal, es colmar de embeleso el alma.. 

Contemplar a decenas de bronceados pescadores de pantalones cortos, anudando con sus dedos el lino de su red, es un mágico paseo turístico, sobre todo para un visitante criado en ambientes andinos de fisonomía diferente. 

Me deleité también con la fila de palmeras que vigilan la zona, cual centinelas moviendo sus ramas al compás de la brisa, y cientos de gaviotas cantando a gritos cada vez que se zambullen por un preciado bocado.
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Al mediodía saboreamos con Luis, pejerreyes arrebozados sobre mesitas cubiertas con hules azules y rojos brillantes.
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Es decir, todo hermoso y tranquilo, hasta que por fin llegamos a la escuelita, que de solamente mirarla me dio la impresión de estar viendo mi querido 378 de Chiquián. Coincidentemente, ambas son de estructura humilde: pisos de tierra regados con sudor de estudiante y ventanas con marcos de adobe y sin cristales que amparen del frío.
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Mientras Luis entregaba los libros, remonté con el pensamiento los umbrales del tiempo hasta mi época escolar en Chiquián: vi a mi mamá Jesús acompañándome al 378. Escuché su voz: "¿hiciste la tarea?, ¿cuándo es el paso oral?,”, seguido de: "¡tienes que portarte bien!, ¡que la escuela pase por ti y no que pases por la vereda solamente!..." Hermosos recuerdos y gratas enseñanzas maternales, que hoy intento trasmitir a los niños.
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También me vi parado en el patio de tierra del 378, festoneado de eucaliptos. Del fondo del tiempo vino la voz acompasada del maestro Eleodoro Gamarra Salinas preguntando a los alumnos del 5º Grado: “Si tienen una bolsa con 78 bolas rojas, 49 bolas negras y 13 bolas verdes ¿cuánto es el mínimo de bolas que deben sacar para estar seguros de que han sacado 3 bolas de diferentes colores?”.
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En el aula (Transición) del maestro Eduardo Aldave Reyes, cantan en voz alta: “dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho, ocho y ocho son dieciséis”. En el salón del amauta Pedro Gutiérrez trinan los pichuichancas, aprovechando que el “profe” ha ido por un saludable “calientito” donde Rucu Feliciano.
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Después, silencio total en las aulas. Luego en el patio los maestros gritan: "¡en columna formarse!, ¡descanso!, ¡atención!, ¡saque pecho alumno!, ¡nadie se mueva!", una breve recomendación de nuestro director Fabián Cano Osorio... y "¡paso de desfile, marchen!: “378 de Chiquián marcha con altivez, llevando siempre el compás uno, dos y tres”....
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Asimismo pasó por mi mente el examen final del 5º de Primaria. Fue oral, recuerdo, bajo la mirada señera de nuestro maestro de aula Juan Aldave Oyola. El jurado estaba conformado por el Supervisor Educativo Marcos Lemus Rivas, un caballero a carta cabal, de ojos almendrados, diente de oro, cabello lacio bien peinado y siempre pulcro en el vestir. Ese día don Marcos estaba con terno gris, corbata azul, camisa blanca y una chompa color mango. El otro integrante fue el director Fabián Cano, con camisa azul y chompa turquesa, de cabello ondulado color plata y su mirada generosa de “Abraham en el desierto”. Y finalmente, el más implacable de todos, mi tío, el maestro Germán Romero Yábar, con su prominente barriga y su rostro de Miguel Grau Seminario.
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Nos llamaron al cadalso de uno en uno. Cuánta solemnidad, respeto y misterio a la vez. Fui el tercero de la lista, en orden alfabético. Al ingresar al aula con pasos trémulos, vi al jurado de impecable terno, "qué abuso, 4 contra 1", pensé. El señor Lemus me preguntó sobre los distritos de la provincia de Bolognesi, en tanto mi profesor me calmaba: “tranquilo Nalito, no hay apuro, tómate unos tragos, perdón, tómate tu tiempo”.
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Después de unos segundos respondí llevando la cuenta con los dedos, y pude percibir la alegría que sentían mi profesor y el director, cada vez que pronunciaba el nombre de un distrito: “Abelardo Pardo Lezameta, Acas, Aco de Carhuapampa, Aquia, Cajacay, Cajamarquilla, Canis, Chiquian, Cochas, Colquioc, Congas, Huasta, Huayllacallán, Llipa, Mangas, Ocros, Pacllón, San Cristóbal de Raján, San Miguel de Corpanqui, San Pedro de Copa, Santiago de Chilcas y Ticllos". Pueblos, que en su mayoría, visitaría con los años venideros en las excursiones escolares.
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Luego de unas venias y sonrisas, el maestro Germán Romero prosiguió, muy serio: “Si un hombre hace un agujero en una hora y doce hombres hacen 24 agujeros en dos horas, ¿cuánto tardará un hombre en hacer medio agujero?”... Los segundos que medité me parecieron eternos, y respondí: “el medio agujero no existe”. Después de mi “filosófica” respuesta, el silencio fue sepulcral. Los miembros del jurado se miraban, mi maestro Juan secaba una y otra vez su frente con su pañuelo blanco sin dejar de mirarme con aflicción.
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Cuando iban a dar por concluida mi participación, el señor Lemus, dijo: “Creo que el niño Alvarado tiene razón, pues, que yo sepa, no hay medio agujero, sino, haber Germán, pínchate con una hualanca y mira si te ha hecho un agujero o medio agujero", y se rieron los cuatro... pero a los pocos segundos el maestro Romero insistió, poniéndome más tenso de lo que estaba: “Todavía no estoy convencido, que quede pendiente la respuesta hasta que averigüe con Uchcu Pedro", y volvieron a reírse... Luego el señor Lemus se paró, apretó mi manito y dijo: “dale mis saludos a tu abuelita Victoria”... culminando así los 15 minutos de tormento.
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Al salir del salón mis compañeros me acorralaron y “Cholito Corazón” me preguntó: “¿oye shay, respondiste bien?; si no es así, dicen que van a dar otra oportunidad”, luego intervino Wily: “¿no ves que se lo han jalado, que hasta mudo se ha quedado?”, finalmente Anchita, habló: “no le hagas caso, mejor cómete este pan con azúcar”.
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Después de cuatro horas de suspenso ingresamos al aula y nuestro profesor anunció que todos estábamos aprobados. Wily desde su carpeta volvió a la carga: “en el Coronel Bolognesi no te vas a salvar por más que sea la casa de tu abuelita ”... sonreí, y de los nervios salí corriendo a regar con urea el viejo rayán de doña Pancha Vicuña.
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Antes de retornar a casa, el maestro Aldave me preguntó: ¿y de dónde sacaste eso de que medio agujero no existe?, nos has dejado preocupados”... la respuesta fue: “de tanto jugar ñoco profesor”, y fui a celebrar el ascenso a la Secundaria, con un caramelo de licor y otro de menta.
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Volviendo al tema de la donación de libros…
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En eso salió Luis, despertándome de mi sueño chiquiano y me invitó a conocer la biblioteca de la escuela, donde había una enorme pila de libros. Cuando le pregunté por la cantidad de obras que había en el lugar, me dijo: “En la semana de la escuela los ingenieros que trabajamos en la zona traemos libros para agradecer al pueblo por su calidez”. Entonces pensé: “y ¿por qué no hacemos lo mismo los chiquianos? , sería bueno iniciar una cruzada”.
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Revisando los libros de la escuela de San Andrés, llamó mi atención la existencia de textos universitarios... al preguntarle a Luis, me contestó: “acá todo vale, nada se deshecha y pueden venir a leer todos los habitantes”... sólo me restó decirle emocionado: “los donantes son dignos herederos de Valdelomar, lástima que se fue a los 31 años de edad, sino las maravillas que hubira hecho, no sólo por Ica, su ciudad natal, sino también por la literatura peruana y mundial”. El profesor encargado de la recepción de libros, al escuchar mis palabras, dijo: “el 16 de abril celebramos su natalicio, no así el día en que murió, que fue el 3 de noviembre de 1919 en Ayacucho, porque es una fecha dolorosa”.... "¡Si claro, entiendo, fue en un viaje al interior haciendo su labor como diputado!", le dije. “Veo que conoce este acontecimiento”, subrayó. “Por su puesto maestro, la oscuridad le jugó una mala pasada, cayendo a un montículo de piedras que le fracturó la espina dorsal, falleciendo a los 3 días, después de una penosa agonía. Se sabe que llamó a su mamá Carolina en su delirio".
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En esas circunstancias pensé en el último suspiro del vate, que fue tan largo como el del “Caballero Carmelo”, quizá pasaron por su mente imágenes queridas del Caucato, de su papá Antiloquio y sus hermanos, bajo el aleteo de Tristitia: “Mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola se deslizó en la paz de una aldea lejana, entre el manso rumor con que muere una ola y el tañer doloroso de una vieja campana…”

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“Sé además maestro, que Abraham Valdelomar escribió el nombre de mi tierra chiquiana en una letrilla con ocasión del levantamiento del prefecto de Ancash, contra el gobierno provisorio de Benavides”, agregué emocionado. Él, muy reconfortado me entregó la tercera parte de la carta en prosa que Valdelomar le escribió al poeta Alberto Hidalgo, carta que fuera publicada en el centenario del nacimiento del escritor en 1988, por el maestro e historiador apurimeño Rubén Chauca Arriarán, en su libro: “Abraham Valdelomar – Vida y Obra”.
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La letrilla de la pluma de Valdelomar, fue difundida en la Sección “Palabras” del diario “La Prensa” del 20 de agosto de 1915, integrando el artículo “LOS DOS PROVISORIOS”. Al pie de la misma, el fragmento de la carta en prosa escrita por Valdelomar a su amigo Alberto Hidalgo:
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“El de Huaraz”
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.El connotado y notorio
Perentorio
Transitorio
Provisorio
De Huaraz,
al golpe de una yegua
que, sin tregua
legua a legua
va tragándose al azar
ha pasado
-¡desdichado!-
por las puertas de Chiquián
Casi mustio por el dolo
casi solo,
con un cholo
que le sigue por detrás
va fugando en marcha dura
Triste y muda
Sin ayuda
de alma alguna de esta viuda
(que una viuda de Huaraz)
que mohíno
repentino
ha tenido que emprender,
sin tener otras ventajas
que las bajas
y las bajas de las cajas
que ha podido sorprender…
Va impalpable, como un duende…
(ya se entiende
si Ferreccio lo sorprende
lo que ocurre a la sazón),
va viajando,
Galopando
reventando,
caminito de Monzón…
Desde allí quizá genial
toma rumbo hasta el Brasil;
desde allí quizá… quizá,
sabe Dios dónde irá…
Pero doquier que vaya
(si antes no le pone a raya
la fuerza que va tras él),
tras su campaña brillante,
más la viuda acompañante,
y el dinero resonante,
hará un sonante papel…
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 Carta al poeta Alberto Hidalgo

“Hermano: estoy enfermo de vida solitaria;
solo, entre tanta gente de idealidad precaria,
Intermitente espíritu y alma universitaria.

Yo me siento morir entre esta hora vana;
mi talento es para ellos como una flor malsana,
los que ahora me condenan,
me aplaudirán mañana…

Yo les he dado todo: el verso cincelado,
la noble prosa fuerte, el comentario alado.
tal hizo Prometeo. ¡Y estoy encadenado!

Alberto, nadie puede comprender lo sutil
de mi alma cristalina, abnegada, infantil:
yo he nacido en el campo y he nacido en abril.

Nadie ha de comprender con qué emoción secreta
las más puras bellezas mi espíritu interpreta,
tú lo comprendes porque tú eres poeta.

Los versos que tu fina lírica copa escancia
han dejado en mi alma la exquisita fragancia
de un perfume de abril y un recuerdo de infancia.

La cabalgata heroica de tus versos se extienda
por el campo en botón. En mi lírica tienda
encontrarás cobija, después de la contienda.

Triunfarás porque llevas una estrella en la frente,
porque lleva el cinto el acero pendiente,
porque sabes cantar lo que tu alma siente.

Desdeña toda loa. Toda lección desdeña.
¡Vive, canta, medita! Tu noble verso sueña;
sólo enseña el Dolor. Lo demás nada enseña.

El Dolor –viejo amigo ¡- el dolor –camarada!
él dejará tu frente febril, amplia y surcada;
mas te dará su invicta, fuerte y mágica espada.

Te asaltará la envidia, cruel y traidoramente.
El coro de hosannas sentirás, de repente
el trágico y rastrero silbar de la serpiente.

Audaz, sombría y trágica, tenebrosa e inquieta,
la envidia te persigue, te busca, te asaeta
y sin embargo un día te corona poeta.

Entrega toda tu alma a la pasión más fuerte;
derrocha tu salud; tu ingenuidad convierte
en un hondo placer, porque vendrá la Muerte...

Vendrá la Muerte un día con su hoz enarcada,
te tenderá los brazos al final de la jornada
y es necesario, Alberto que no se lleve nada…

Placer, vino, mujeres; goza tu juventud;
corona de racimos báquicos tu laúd,
porque abierto y sombrío nos mira el ataúd.

Sostén que sólo es bueno lo grato. Desiste
de la Moral que deja nuestro espíritu triste.
¡De placer sólo se viste lo que existe!.

Ala lírica hermana: a través del camino,
bajo la noche azul, serena y constelada,
cuando los dos hayamos derrotado al Destino
¡el bronce premiará nuestra heroica jornada!.


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Mientras ojeaba los libros y conversaba con el maestro sobre el legado literario de Valdelomar, Vallejo y Arguedas, quienes con el señorío de sus plumas provincianas doblegaron la vanidad limeña en sus respectivas épocas, mi amigo Luis charlaba con sus amigos, y ¡OH SORPRESA!, vi en la página 284 de un libro de Biología para el Cuarto de Secundaria, la fotografía a todo color de Chiquián, sólo que al leer la leyenda me quedé helado como el Yerupajá, pues decía: “La ciudad de Huaraz en el Callejón de Huaylas. Al fondo nevados de la Cordillera Blanca, pertenecientes al Parque Nacional Huascarán, que es una zona de conservación y protección integral”.

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Cuando hice saber al maestro sobre el hallazgo, me obsequió el libro, con cargo de enviarle una obra ancashina. Tiempo después cumplí el ofrecimiento con dos libros del historiador Filomeno Zubieta Núñez (POR LA RUTA DEL HUAYHUASH: Los recursos turísticos de la Provincia de Bolognesi - 2003, y CUSPON: Comunidad e Identidad - 2003) y uno del escritor Alberto Carrillo Ramírez (LUIS PARDO: El Gran Bandido - 1967).
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Durante mi estadía en la biblioteca de la escuelita de San Andrés, recordé el motivo que me impulsó a construir mi primera biblioteca en Chiquián, a mediados de la década del 60: cierto día en casa de mi mamá Eni, hermana de mi mamá Jesús, le pregunté a mi primo Pablín, si tenía libros de Educación Cívica. "Sí tengo", me dijo, y me llevó al altillo, donde en un aparador habían acondicionado una biblioteca. Tenía como cortina la tela de “castilla” que mi tío Pablo utilizó sobre el caballo cuando fue abanderado de la capitanía de mi papá, en la fiesta de Santa Rosa (1955). Mi primo jaló un cordón y aparecieron dos filas de libros y cuadernos, todos etiquetados y forrados con papel cometa de color blanco.
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Él, orgulloso de su biblioteca me dio un índice en orden alfabético, haciéndome la advertencia: “revisa todo lo que quieras primo y ponlos en su mismo lugar; y cuando pases de página no mojes tus deditos”. Ya en casa pinté de blanco varias cajas de madera que mi papá tenía en un depósito, y uniéndolas hice mi propia biblioteca.
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También recordé la vez que le mostré a Pablín una matraca de madera que mi abuelita Catita me regaló en Navidad. Pablín quedó observando unos minutos la matraca, y al día siguiente apareció con una más grande, diciéndome: “esto es para Felipón, dile que lo he hecho con mucho cariño”. Un constructor nato desde sus tiernos años.
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Un día, cuando estaba con Pablín junto a su biblioteca, llegó su papá Pablo, me abrazó y acariciándole el cabello, me dijo: “que te parece mi cabeza de acero, sé que será alguien en la vida”, y mi tío no se equivocó, pues Pablín es uno de los principales ingenieros electrónicos de la Telefónica, Nancy su hermana menor también es ingeniero y tiene un próspero negocio de bombas hidroneumáticas, ambos son de la UNI y la mayor, Durid Berenice, es médico cirujano; es decir,  buenos frutos de una humilde maestra rural y de un criandero de ganado lanar en la manada de Sapahuaín, cercana a la laguna de Conococha. Mis tíos, Pablito y Eni, me enseñaron de niño a querer y a  respetar a la Madre Naturaleza, y fueron con mis padres Armando y Jesús, y mis abuelitas Catita y Victoria, los seres humanos que  guiaron mis pasos por los caminos de la narrativa campesina.

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Saliendo de la escuelita de San Andrés, continuamos visitando con Luis el mágico escenario donde Abraham Valdelomar creo al inmortal “Caballero Carmelo”, mientras la brisa de la tarde refrescaba la piel embriagada de sol, bendecida por la humedad salina del mar de Pisco, donde el destino tejió la cuna de la Patria libre.
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Desembarco de San Martín en Pisco - Etna Velarde e.
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Lima - 15 de marzo del 2004
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 Fuente:

 
La Vergne

Chiquián

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