TERREMOTO EN ÁNCASH:
31 DE MAYO DE 1970
Allá estaban los nevados
regalando sus lágrimas a ríos,
alegres se recogían los cóndores,
los gallos buscaban sus lechos;
el sol viajaba buscando sus noches.
Fue una tarde, alegre de domingo
jornadas de fútbol México setenta
por allí los perros aullaban en coro
las aves se inquietaban en grupos
las tres de la tarde estaba señalada.
Minutos vienen y van en suspiros
se dibuja en la tierra sangre y muertes,
gritos y reclamos levantando polvos.
Las manos agarran a sus muertos
y las cordilleras se agitan mudas.
Minutos largos y la tierra nos traga
explota la Pacha Mama enojada;
llaman a la muerte estando atrapada
salvamento se agota, falla la fuerza,
y todos los pueblos lloran en retirada
En polvo los tejados y paredes
entierran los corazones y almas.
La nube densa y polvorienta
nos niega el cielo oración nuestra,
al suelo herido todos arañamos.
Enterrados todos los rincones vivos,
al ver la cordillera su herida se asombra
Taita Dios se olvidó de sus pueblos,
Callejón de Huaylas se ha marchado
con sus encantos se ha enterrado.
Yungay hermosura fue sepultada
por el nevado Huascarán celoso,
para que nadie vea sus heridas
convirtiendo en cementerio mudo,
con sus cinco mil rosas en agonía.
Juan Rodriguez Jara.
Allá estaban los nevados
regalando sus lágrimas a ríos,
alegres se recogían los cóndores,
los gallos buscaban sus lechos;
el sol viajaba buscando sus noches.
Fue una tarde, alegre de domingo
jornadas de fútbol México setenta
por allí los perros aullaban en coro
las aves se inquietaban en grupos
las tres de la tarde estaba señalada.
Minutos vienen y van en suspiros
se dibuja en la tierra sangre y muertes,
gritos y reclamos levantando polvos.
Las manos agarran a sus muertos
y las cordilleras se agitan mudas.
Minutos largos y la tierra nos traga
explota la Pacha Mama enojada;
llaman a la muerte estando atrapada
salvamento se agota, falla la fuerza,
y todos los pueblos lloran en retirada
En polvo los tejados y paredes
entierran los corazones y almas.
La nube densa y polvorienta
nos niega el cielo oración nuestra,
al suelo herido todos arañamos.
Enterrados todos los rincones vivos,
al ver la cordillera su herida se asombra
Taita Dios se olvidó de sus pueblos,
Callejón de Huaylas se ha marchado
con sus encantos se ha enterrado.
Yungay hermosura fue sepultada
por el nevado Huascarán celoso,
para que nadie vea sus heridas
convirtiendo en cementerio mudo,
con sus cinco mil rosas en agonía.
Juan Rodriguez Jara.
HACE 49 AÑOS
Domingo mañana de misas
de tantos cristianos en oraciones,
Sonría el cielo, sentado en los andes
al sol en su caminar, sosteniendo.
Las nieves quietas guardadas
el Huascarán gallardo en reposo
a Yungay hermosura cuidando.
Media tarde se rompe el silencio,
comienza los tropeles subterráneos;
en ecos resuenan los aullidos.
gritan, resisten, pero caen paredes
enterrados por tejados de años.
El polvo de la tierra nos consume
se ahoga los gritos en adobes,
nos duerme la tierra en gritos.
Tantos seres se fueron en reposo,
otros soportaron al aire sus heridas
rogando morir ante imposibilidades.
Calles borrados, plazas ausentes
hospital convertido en velatorios.
Callaron y olvidaron en tantos años
recuperar identidades perdidas{
la indiferencia enterró recuerdos.
Yungay enterrado en minutos,
en “Campo Santo” convertidos
con cinco mil rosas perfumados,
y las palmeras en centinelas
para el abandono amuralladas.
Nada
han hecho por los muertos
que se marcharon sin despedidas
hace cuarenta y nueve años.
31 mayo 2019
Juan Rodríguez Jara