domingo, 14 de mayo de 2017

MADRE, ORACIÓN COTIDIANA - POR RÉGULO VILLARREAL DOLORES (PARARÍN, RECUAY)


 
MADRE, ORACIÓN COTIDIANA

Madre, hoy, como todo Segundo Domingo de Mayo, pensaba saludarte con sueños que ablandan miradas hasta el suspiro carnaval de las  sorpresas, y blandir banderas como vaivenes iridiscentes que encienden y apagan hipocresías por un solo día comercial. 

Pero yo prefiero recordarte como canto auroral, recostando  vendavales en búsqueda  de la paz con pan y justicia, en el paraíso cotidiano de las batallas.

Quiero mantenerte como estrella, que, desde tu Comunidad de Pararín*  y su temeraria eternidad solidaria, sigas tejiendo oraciones que conduzcan  a las púrpuras mansiones de Dios, con ropajes de justicia.

Quiero mantenerte, madre, en la lucha por la dignidad, guitarra con cuerdas de pétalos, manteniendo encendida la firmeza del  manantial como ojos de niños creciendo en  sonrisas comunitarias.

De ti aprendí que el Día de la Madre es la generosidad como oración fraterna, un puente del presente que une con el pasado y el futuro para la nacionalidad eterna.

Tu generosidad, como la de nuestra Comunidad,  no es cuestión de moda, sino, temple y  emblema de personalidad con hálito divino. Sólo la generosidad organizada forjará el hombre nuevo, el perfume cenital del hombre-hombre, el hombre planetario y solidario del futuro, vibrando con todo lo mejor del pasado y del presente, como  conquista universal de la humanidad.
 
Feliz día Madre: pararina, ancashina, peruana, latinoamericana y mundial.

Régulo Villarreal Dolores
NEPER  Perú Caminante.
Literatura caminante para una historia en marcha.
* Comunidad de San Juan de Pararín, Prov. Recuay, Región Ancash – Perú.
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  EL SOMBRERO DE LA MUJER PARARINA 
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MACHU PICCHU CAMINANTE DE LA COMUNIDAD DE SAN JUAN DE PARARÍN

Caminando por la playa Bermejo (Litoral pararino) *entre paisanas que escogían piedras pulidas como preámbulos de nostalgias, las olas  solfeaban recurrencias de híbridos conflictos. El viento, con la guadaña conflictiva de su hipocresía, arrebató de súbito el sombrero a una paisana.

El sombrero, cual paloma liberada de amarras misteriosas voló de la cabeza de la paisana, a la arena y siguiendo los seductores guiños del viento se dirigía hacia las afiebradas espumas de las olas como cangrejo soñoliento. La pararina, con una sonrisa sorprendida corrió detrás de su prenda amada.

Al fondo, un espectáculo arribista de surffistas cholos creyéndose “gringos”, batían acrobacias de arrogancia en el mar, compitiendo con los gallinazos.

Familiarizado desde la infancia con el sombrero como emblema comunitario de las pararinas, no me había fijado (hasta entonces) del enorme peso cultural de la prenda. Por alguna razón extraña me quedé fascinado de la eminencia del sombrero pararino que usara también  mi madre, mis hermanas, mis tías, mis primas, como desovillando los antiguos quipus de la milenaria tradición de la Comunidad de San Juan de Pararín.

Pararín** es una Comunidad hecha de flor de niebla y de misterios, sus orígenes compiten con las preeminencias del diluvio universal, que en el Perú duró 60 días, con sus noches.

El Dios Vichama, que vive en el litoral pararino, al conjuro del círculo de su fuego sagrado, (desde Cerro de Horcas hasta Huarmey),  sabe que la paloma de la paz, con su ramo de olivo, ya encontró el sombrero de las paisanas, izado en el mástil de la barca de Noé, y desde ahí se anunció el cese del diluvio como castigo al mundo. 

El sagrado sombrero de las paisanas, hecha de la solemnidad de niebla y pasión de rayo, marca el destino e ingenio de una Comunidad que desafió a Incas y a españoles, y planta cara a la acomplejada República peruana, que, con el salvajismo de sus leyes usureras, pretende profanar la memoria Andina, intentando poner de rodillas la sangre milenaria que construyó chullpas y trazó la geografía de Pararín, memoria de la lluvia, desde Pilapunta, hasta el litoral, haciendo de la esperanza, una apuesta eterna.

La Comunidad de San Juan de Pararín, es la sangre de los abuelos sembrada  en las venas de cada defensor de la Comunidad, que recoge los sueños de la esperanza siguiendo los vuelos de los cóndores con caligrafías de historia, desde las fortalezas del pasado.

El 23 de noviembre 2014, la Comunidad de Pararín, danzando sobre el orgullo de tripas de usurpadoras de sus tierras en su litoral, izó muy alto el sombrero pararino, como emblema de batallas por la dignidad, y señaló la hora de los defensores: respetando a los defensores de lo comunitario, aunque estos no sean pararinos, y, combatiendo con fiereza a los traidores, tratándose de pararinos/as, con mayor contundencia.

Los traidores a su Comunidad o, a su Patria, son más venenosos que los enemigos. Así entendieron los Incas, para forjar el Tawantinsuyo – Estado Confederado de los Incas, castigaron a los traidores más que a los enemigos. El verdadero/a comunero/a, no cava la traición sobre las espaldas de sus padres y hermanos.

La autenticidad comunitaria se gana con responsabilidad y no con muecas de serpientes. Los comuneros no caben en los espejos de los consuelos, la Comunidad es vida, un lugar de todos y para todos.

La Resistencia cultural es Dignidad y, la organización, es fuerza. La Dignidad pararina está expresada en el sombrero de las paisanas que usó también mi madre, mis hermanas, tías, primas, y es el dado eterno para apostar con Dios por la justicia.

Si hay desgarros de fricción en el recuerdo, es porque el tiempo no da descanso a las promesas, pues  en las promesas se transfiguran las personas y en la danza frutal de su cumplimiento o los catafalcos frígidos de su incumplimiento, está la grandeza o pequeñez del ser humano.

El sombrero de la mujer pararina, representa la identidad universal de la Comunidad de San Juan de Pararín; y  es el símbolo de Lumef (Lugar-de-la-Memoria-Eterno-Futuro) y es abnegada adhesión de FREDEINPA con la memoria y la semilla  de Pararín como  purificación de conjuros que antecede la restauración de la aurora.

El sombrero de la mujer pararina es el pequeño Machu Picchu caminante de la Comunidad de San Juan de Pararín, con el sombrero de la mujer pararina camina la comunidad con su milenario peso cultural que ha generado una raza de seres como crónicas rurales, una especie de fortalezas silenciosas, indestructibles y serenas que han logrado mantener los legados culturales a pesar de las destrucciones occidentalistas y los traidores anti comunitarios metidos de “dirigentes”.

El sagrado sombrero de las paisanas, hecha de la solemnidad de niebla y pasión de rayo, marca el destino e ingenio de la Comunidad de San Juan de Pararín, desde su santuario de Pilapunta hasta el litoral: De Cerro de Horcas hasta Huarmey- una apuesta a la esperanza eterna desde solidaridad más recóndita que no es lástima de usureros.

Régulo Villarreal Dolores

 
 

LUMEF, PATZAPA NAWIN KAMAK - PARARIN

(LUMEF, HACEDOR DE LOS OJOS DEL MUNDO - PARARIN) 


 
En Pararín, como en todos los pueblos de la Sierra peruana, los puquios o manantiales, con sus tímidas espumas como burbujas celestiales, arman el robusto y melancólico pecho del cielo, e  incluso, marcan la esfera del misterio del cosmos en la tierra. 

En los puquios u ojos de agua, los renacuajos arman sus laberintos de estrellas como espejos burbujeantes, y las nubes  alisan  sus bigotes con peines de inquietas melancolías.

Los puquios de las comunidades son las siembras del alma, para el encuentro con Dios a través de la obra del hombre, más que por los rezos.

De los puquios parten caminos  a la esperanza, rozando destinos con pulsión  primitiva.

¿Y quien puede negar que en los puquios y las raíces de los árboles, están las huellas de los abuelos, circunspectos y contritos, como amores vibrantes y frágiles, manifestados en vientos de primaveras armando arrugas románticas?

Los caminos de los Ayllus parten siempre de y hacia los puquios, renovando  el compromiso de  ternura de la Comunidad con sus comuneros. Los comuneros  son  rezos y batallas afilados en lágrimas reflejados en  Lumef (Lugar de la Memoria Eterno Futuro) . Lumef, espíritu de la generosidad de la Comunidad, es combustión  de futuros imprevisibles,  armado con los colores  del pasado más remoto y personal, para que el presente sea el péndulo mágico, oscilando entre el bien colectivo y el mal de la usura individualista.

Lumef es la conjunción del nacimiento y la muerte, a través de puntadas  de vida que son puquios eternos, protegiendo a los hombres desde la cuna hasta la tumba.

La Comunidad es orden, organización, solidaridad , generosidad creadora, y no morbosa caridad de la hipocresía, ni caos deslumbrante que humilla con  sus  ratas jugando a fieras y sus gallinas, simulando aves de rapiña.

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Aceptando que uno es del lugar en donde nació y no en donde muere, la pregunta por la identidad, de quienes como los pararinos nacieron entre cerros como banderas afiebradas, no puede dejar de evocar el llamado inmóvil de los silencio convocando los pasos de los ancestros, como permanentes interrogantes de  caminos, chacras y puquios, que existen como los ojos del mundo, para ver todo y recordar todo, para frenar las traiciones.

La identidad fluye como los respiros de los puquios que se hacen esquirlas en los besos de las madrugadas. ¿De donde y por donde llegaron los primeros pararinos a Pararín? Llegó una sola  pareja o varias parejas? ¿De donde?, de las punas de Recuay-Cotaparaco, buscando un clima más benévolo para desarrollar sus sueños, observando el cielo desde una colina de 3300msnm, como Pilapunta que atalaya los Andes hacia el océano pácifico?, o, del valle de Maravia, desde el mítico  Pueblo Viejo, huyendo del  alubión de barro que borró el pueblo y su memoria, como  castigado de los dioses por alguna cuenta pendiente, cuenta la leyenda? O, a lo mejor, llegarían, proveniente de la costa, por el camino de Q’espara (Lugar-del-que-arriva-ya o Lugar-de-reflejos-deslumbrantes?)

De qué ojo de agua habrían bebido el primer sorbo de agua, los recién llegados a Pararín que, a lo mejor tendría otro nombre o no tendría ninguno, hasta que sus primeros  habitantes le dieran el nombre que ahora tiene: Pararín que significa Lugar-que-está-lloviendo? .En quechua de Ancash, se utiliza Tamya (lluvia), sinónimo de Paras. Nombre de Pararin = PARAS(Lluvia), con sufijo RIN= Para - Rin, =Lugar-que-está-lloviendo. 

Lo que no puede ser cierto es que “pararín” signifique  “aquí paro” como onomatopeya  del verbo PARAR del idioma castellano, como  pretendieron que significaba el nombre de la Comunidad, para quienes bautizaron como San Juan de Pararin, sin saber hablar el idioma quechua. Y Pararín ya era Pararín, antes de la invasión española de 1532.

Quienes posiblemente llegaron por el camino de la vecina Comunidad-Distrito de Tapacocha, hubieron haber bebido el agua de Pasq’ayaku (Agua-desatada); o, Artezayaku (Agua-acilindrada), y, finalmente, Tzuntayaku(Agua-del-silencio-de-principio-a-fin). Si, subiendo de la costa, habrían bebido agua de Jutuyaku (Agua-de-cascajos), o, de Antawayínyaku(Agua-acobrada) y finalmente de Q’antuyaku(Agua-de-la-flor-de-kantuta?. Quienes, posiblemente subieron del valle de Maravia o Pueblo Viejo, pudieron haber bebido el agua  Yulliyaku(Agua-tierna) y, finalmente Parq’ayaku(Agua-sobre-lajas)? Lo cierto es que desde esa época remota, los actuales puquios de Pararín, han forjado y alimentado infinitas generaciones de comuneros pararinos, desde los constructores de los santuarios, los que trazaron las pinturas rupestres, los sagrados defensores de la Comunidad, la generación de oro pararinos: Reivindicadores de 1963 y hasta los más tristes bichos traidores a su Comunidad.

Los primeros pararinos tuvieron que haber llegado de alguna parte; es difícil suponer que los fundadores de Pararín, hayan surgido de las mismas tierras pararinas, como una generación espontánea, a lo hermanos Ayar, de quienes no se sabe si tuvieron padres o no.

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Es posible que los primeros pararinos/as hayan seguido incluso, la ruta que siglos o milenios después, utilizaría mi abuela Doña Grimanesa Neira Ortiz, al llegar  a Pararín, a la edad de 14 años, desde su lejano  pueblo de Uco, en el  callejón de Conchucos, acompañando a su padre, el sacerdote: Don Manuel Neyra Trebejo, que pasó por Pararín, en una misión pastoral.

No es que la llegada de mi abuela materna a Pararín, esté  registrada en documentos históricos de la Comunidad; las comunidades siempre fueron ágrafas; los únicos registros son las memorias de las generaciones guardadas en las memorias de las generaciones. El dato sobre la supuesta llegada de mi abuela por la puna, utilizando el camino que viene de Tapacocha, lo descubrí yo mismo, de forma fortuita, como se encuentran las cosas valiosas; y todo hecho se hace historia, cuando alguien lo registra con amor.

Mi madre, al referirme de los últimos días de su progenitora, que falleció en Pararín en el año 1964, me contó que su madre, meses  previos a su muerte; sólo pedía beber el agua de Pasq’ayaku. 

Los primeros meses de caer mi abuela en cama, la familia, en turnos, iba traerle el agua del puquio de Pascayaku, ubicado a la vera del camino que llega de los pueblos vecinos: Santa Cruz, Cotaparaco y Tapacocha. La hija de mi abuela, que era mi madre, me refería que, toda vez que le servían el agua en una taza, la abuela se quedaba mirando el fondo del pequeño recipiente y luego bebía a sorbos cortos, como orando o descifrando algún secreto en cada gota, como hacen los catadores de vinos, para determinar la antigüedad y maceración del producto, y luego dar el veredicto de la calidad.

Pero, a medida que los días y las semanas pasaban, la familia se iba cansando de ir a traerle el agua a la abuela. Entonces, cuando pedía agua, le servian agua de los puquios del mismo Distrito, especialmente de Manzanayaku o Tzunta. Pero el paladar de la abuela sabía  distinguir el sabor de las aguas de los puquios de Pararín. En varias oportunidades, rechazó la taza de agua que le ofrecían, aduciendo que ella quería agua de Paska, y no de Tzunta, o Manzanayaku. Incluso, algunas veces renunció a ingerir alimentos y beber agua como protesta silenciosa, si no le daban el agua de Paska.

El último sorbo de  agua de Pararín que bebió mi abuela, para despedirse de este mundo, y de Pararín,  según versión de mi progenitora, había sido el agua de Pascayaku = Agua-desatada, o, Agua-liberada?.

Con ese detalle de la preferencia de la madre de mi madre por el agua Paskayaku, en los últimos tiempos de su vida, presumo que el primer sorbo de agua, como brindis por Pararin que le daría un esposo bueno y 12 hijos e innumerables nietos/as, bisnietos, tatarnietos, etc, mi abuela tuvo que haber llegado a Pararín, cruzando las punas de Recuay y Cotaparaco.

Así, los primeros pararinos, pudieron haber llegado por el lado de las punas, porque al llegar, a lo que sería Pararin, se establecieron primero,  en la ceja de cerro entre Tzunta y Poq’runyaku, lugar en donde edificaron su primer santuario o adoratorio pétreo llamado Aklla Punku (La-puerta-de-las-princesas)., cuyas evidencias de su existencia se encuentran a la vista de todos. Aklla Punku, como toda edificación andina, está relacionada con los dioses, y como tal, Aklla Punku estuvo  edificado es un lugar estratégico, que permite controlar las entradas y salidas de la gente, del o al pueblo.

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Tras bautizar los hontanares que encontraron en Pararín: Tzuntayaku (Agua-del-silencio-de-principio-a-fin), Poq’run (Agua-que-brota-de-lo-más-hondo), Manzakayu (Agua-de-manzana), Parq’a (Agua-sobre-lajas-de-rocas), Q’amlakyaku (Agua-insulsa o desabrida), Sokuyaku (Agua-canosa) como propiedad colectiva, los primeros pararinos, habrían subido a la colina de Pilapunta o Pilaq’punta (Colina-incognita?), o Illapunta (Morada-del-trueno?) a lanzar sus sueños como saetas ensalivadas de majestad y misterio.

Entonces Pilapunta se transformó en la coartada de los cielos como ojos de cóndor, vigilando la marcha de los sueños hacia la esperanza. Pilaq’punta (Colina-incognita?), o Illapunta (Morada-del-trueno?) se convirtió en calidez de la ilusión hecha de signos familiares, premuras de colibrí besando abismos o sutil susurro de mariposas con pureza de ángeles latiendo inocencias sobres los charcos.

Y Pilapunta fue siempre la pupila nictálope diseñado por los abuelos, para seguir las estrellas de los tiempos, y repasar el solfeo imperturbable de la rapsodia infantil que abarca el deseo nupcial de la persona para la colectividad.

Pilapunta es el alba que acompaña a los pararinos, con su charango de melancolías para las rebeldías, armando el andamiaje de la esperanza como aerolitos jugando ajedrez con los cóndores.

Los primeros pararinos homenajearon a la madre tierra en Pilapunta, construyendo el misterioso adoratorio de PATZAPASHIMIN La Boca de la Tierra y por extensión La Voz del mundo. PATZAPASHIMIN es una compuerta cavada en roca viva, rodeada de construcciones de piedras como lóbulos que, según la leyenda, se trata de unos laberintos que se internan a las entrañas de la tierra, que, tras vencer  distancias como por una especie de “metro” moderno, sale en Jaupak, en un lugar llamado Ventana, que se encuentra en el valle de Jaupak, equidistante  entre el océano pacífico y los andes.

Es  de  suponer que los pararinos del SXX,  descendientes de esos primeros pararinos, tras practicar deporte en Pelotapampa (meseta-de-la-pelota), también vieran desde Pilapunta, la esperanza del agua para su Comunidad, en los mensajes de esquirla de las lagunas de Yanacocha-Tayapac.

Aunque el proyecto Tayapac, con el tiempo, ha dejado de ser esperanza para transformarse en el ritual siniestro de la demagogia, en el oráculo perverso de la corrupción y también en la amenaza usurpadora de vecinos insolidarios que recibieron de Pararín sueños y faenas comunales para beneficiarse de agua 4 comunidades vecinas: Cotaparaco, Tapacocha, Llacllín;  Pararín.

Las tres comunidades-distritos ya gozan del agua de Tayapac; pero aún no Pararín, no obstante  de haber sido el mayor impulsor del proyecto de canalización de las aguas de la puna, hacia las 4 Comunidades-Distritos.

Fiel a las mecidas politiqueras, Tayapac aparece como un proyecto neurálgico, que llegará en meses, lo que no llegó en 56 años o más, por la “generosidad” de unos señores que con seguridad, estuvieron siempre entre los que retrazaron el proyecto. Incluso, uno de los “buenos señores” no dijo nada a favor de Pararín, cuando el presidente de la mafia ancashina destrozó “legalmente” a la Comunidad de San Juan de Pararín, entregando todo el valle, margen derecho agua abajo rio Fortaleza, reivindicado el año 1963, bajo la férula de su Titulo Ancestral del año 1664 a la Región Lima, desconociendo o despreciando por completo la auto determinación de los pueblos.

Además, Tayapac es sólo la acumulación de deshielos y de lluvias temporales, susceptible de no abastecer por siempre a las 4 comunidades  socias, en cambio los puquios del pueblo, aunque mal cuidados, están  permanentes como sístole y diástole de la naturaleza , dando vida a Pararín.

Y para seguir politizando el proyecto de agua de Tayapac, los “dirigentes” que nunca pensaron hacer un reservorio de recepción de agua en Pararín,  porque lo de ellos era soltar el agua por las calles, para que se bañaran los cerdos públicamente, que  demostraría que en Pararín está el agua de Tayapac. A las autoridades pararinas, solo les
interesan las pachangas de las celebraciones de inauguraciones.

Ante la propuesta de Lumef, desde el año 2000, construir un Reservorio de Recepción de agua de Tayapac en Q’espara, a un paso del mismo pueblo de Pararín, mirando casi a todos los Ayllus pararinos, que abarca la enorme pampa de Wampankuy en donde se podría almacenar todo el agua de las punas, para regar además, casi todas las chacras comunales  próximas al pueblo, Cóchar, Yulli-Tziutzi, etc, además de ornamentar al Distrito, para solaz de los visitantes o turistas de Pararín, ha sugerido la “propuesta” de mandar construir  un reservorio de recepción de agua de Tayapac en el lugar llamado Kayachakuna (Lugar-de-despedidas-a-gritos), una ladera inhóspita, situada entre rocas, limitada por rocas y lejos del pueblo.

El supuesto “reservorio de agua en Kayachakuna” obedecerá realmente a recomendaciones técnicas o solo a la histeria politiquera de acomplejados que desconocen Pararín y quieren dar clases de “modernidad”? Lumef conoce a su Comunidad, en su grandeza y sus flaquezas, por eso recomienda  la construcción del primer reservorio de recepción de agua para Pararín, en Huanrish y el reservorio de distribución de agua de Tayapac en Pararín, en Q’espara, cabecera de la enorme meseta de Wanpankuypampa, como ornato del Distrito para solaz de visitantes y turistas.

LUMEF (Lugar de la Memoria Eterno Futuro), considerando que la solución de los problemas está en el lugar en donde ellos surgen, ha decido ampliar los dos ojos de agua más emblemáticos de Pararín, para construir dos reservorios como los ojos del mundo o visión-del-Mundo en el mismo Distrito, utilizando para ese propósito, a Tzuntayaku y Poq’runyaku.

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Tratándose de Identidad; el pleonasmo no altera la realidad, porque  sólo la repetición de los hechos, evita la contradicción y consolida la personalidad colectiva. El agua de los puquios de Pararín, los mismo que sirvieron a los que trazaron las pinturas rupestres, tratándolos con amor y respeto,  servirá también para asegurarles de agua, en el mismo pueblo de Pararín, a los pararinos  de hoy y del futuro y evitará peleas de vecinos.

Los ojos del Mundo hecho de los dos mayores ojos de agua  de Pararín, generará fraternidad y solidaridad para el progreso. Pararín no tendrá que competir o negociar permanentemente por el derecho al agua, sino que, como los pararinos de ayer dejaron agua para los pararinos de hoy, los de hoy, deberán dejar agua para los pararinos del futuro y de siempre.  Y el agua que  venga de Tayapac, será para regar los campos y cultivar sementeras solidarias.

Así, las milenarias aguas de los puquios, que calmaron la sed de los constructores del Santuario de Pilapunta, humedecieron la tierra para convertir en barro utilizado de argamasa para construir chullpas y nichos, labrar adobes para la iglesia comunal y el cementerio; las mismas con que se bautizaron y se alimentaron los reivindicadores de las tierras de la Comunidad en Sept. 1963; solucionarán el problema del agua de Pararin del SXXI y del XXII, XXIII, ampliando los puquios mayores del pueblo y convocando para esa cruzada, a todos los elementos que utilizan el agua: hombres, animales, plantas y dioses.

LUMEF, espíritu de la Comunidad de San Juan de Pararín, es un himno a la vida, una célula palpitante con sus vivos y sus muertos, preparando siempre el futuro desde su más lejano pasado; para seguir siendo bosque con sus árboles viejos de raíces profundas y las plantas nuevas con sus follajes lustrosos. Cuanto más profundas sean las raíces de los árboles, más largas son las vidas de ellos.

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Con la construcción de los ojos del mundo en Pararín, a través de sus dos puquios emblemáticos, el orgullo comunal será pétalo de cantuta desnudando colores por los valles de Pacru, Chaullín, Kurku, por donde la vida reverberará trinos mezclados con aullidos de zorros de mechas encendidas por la dignidad de una Comunidad  que fue siempre grande  de cuerpo y espíritu y dejó constancia de su metáfora generosa en generaciones que levantaron nubes como cristales  y vuelos para orientar generaciones con ilusiones y realizaciones para mantener viva la utopía y su fosforescencia felina que se hace realidad con tersura del pensamiento y la dignidad.

Los primeros pararinos llegados hace milenios, que bebieron agua de los mismo puquios se reflejaron en la Generación de Oro de comuneros/as pararinos/as que  Reivindicaron las tierras de la Comunidad en 1963, en sus mujeres, hermanas, y madres que prepararon fiambres para el hambre, chicha para la sed.   Los primeros pararinos de hace milenios, volvieron a reflejarse en los reivindicadores de 2008, Reivindicando ex La Litera, pues todos esos pararinos, bebieron agua de los puquios de Pararín.

Por eso Lumef, en nombre de Pararín Histórico, ha convocado a  todos los Ayllus, las zonas pobladas, los caseríos y anexos que bebieron aguas de Pararín, para ser pararinos, vivos y muertos, plantas, aves y dioses, a  participar en la construcción de los ojos del mundo, como solución del agua para Pararín en el mismo pueblo, protegiendo y mejorando sus puquios milenarios.

Los ojos del mundo construidos en Pararín, recogerán los paisajes de las nostalgias y harán misivas líticas para que los sueños recuperen sus pájaros perdidos en las nubes, y, la sencillez del pensamiento hecho esperanza, trazará  nuevamente la geografía de la Comunidad, desde Pilapunta hasta el océano pacífico; desde los farallones de Cerros de Horcas (Región Lima), hasta Huarmey (Región Ancash). Y toda la estructura orgullosa de su confesión lítica, será el incólume desafío a las indiferencias lustrosas de funerarios  funcionarios de la burocracia de la Región Ancash, que pretenden siempre tender sus morbosos y vergonzosos catres, sobre los sagrados y primigenios sepulcros de los constructores de la historia y la cultura andinas.

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Partido el pueblo de Pararín en dos mitades o Barrios: Tzunta y Yanán, precedido por sus respectivos miradores de Pilapunta, los primeros pararinos,  ubicado en la plaza principal del pueblo, mirando hacia el océano pacífico, decidirían que el barrio de Tzunta, tomara el nombre del manantial del mismo nombre (Tzun = silencio absoluto, sufijo Ta = lo que, el que) Tzunta=  Silencio-de-lo-silencioso) con sus manantiales de apoyo: Wakapazenq’anyaku (Agua-de-la-nariz-de-vacuna), Q’amplaq’yaku (Agua-desabrida o, agua-insulsa), Manzanayaku (Agua-de-manzana), además, simbólicamente Tzunta constituiría la derecha del pueblo; y, el Barrio de Yanán (Yana = color negro), YANA + sufijo N (Su-negror),. Yanán es la Esencia o el Sedimento de lo más agradable. Cuando se hacen chicharrones, YANAN, es la concentración de partículas de carne que queda adherida en el fondo del perol; pero no es lo quemado, carbonizado y amargo, sino, el sedimento que, sacado raspando la olla,  es una especie de tocino bien frito  y licuado, que se come con maíz tostado o con pan a modo de mantequilla e incluso las mujeres utilizan yanan como manteca, para elaborar los sabrosos kuwaes (pan de hecho de harina de maíz y trigo) considerado típicos de Pararín. .

El barrio de Yanán, estaría alimentado por las aguas Poq’runyaku (Agua-que-emerge-como-germinando), y por los puquios de apoyo de Q’antuyaku (Agua-de-la-flor-de-kantuta), y Parq’ayaku (Agua-de-entre-las-lajas-de-piedra), y YANAN, simbólicamente sería considerado izquierda del pueblo de Pararín. Las nomenclaturas de derechas e izquierdas en las comunidades, son meras orientaciones, y carecen de los significados políticos expresando intereses materiales y mezquinos como en la politiquería occidental. La derecha, en la cultura occidental y cristiana, se considera muy cerca de Dios, y por ende, con derecho divino a mentir, robar y matar en nombre del poder económico, mientras que la izquierda, está relacionado con la teoría de la justicia y no siempre con la justicia de las masas.

Tras reflejarse en los puquios de Tzunta y Poq’run, Parq’a, como contabilizando estrellas con poemas de amor o semilla de labios creadores, los poetas, ingirieron y arquitectos pararinos, subirían a la meseta de Pilapunta, a diseñar y ejecutar las chullpas, como testimonio de organización colectiva.

Mientras los primeros pararinos diseñaban en piedras, su historia colectiva, el agua de los puquios de Tzunta, Poq’run, Parq’a, Manzanayacu, Mankuyaku, con la acrisolada emoción de sus locuras cristalinas, calmaban la sed de los constructores del santuario de Pilapunta. Las papas, los ollucos, las mashuas de las tierras comunales de Manya, Sachi, Wararkin, calmaban el hambre y daban emoción para trazar los caprichos de las pinturas rupestres.

Cuando los instintos y las necesidades se hacen sedentarios para inventariar los secretos y las esperanzas,  surge el sortilegio de la cultura como identidad colectiva.

Pilapunta fue el proyecto tenaz de los ritos como augurio de  sueños de hombres y mujeres que quisieron dejar sus inteligencias grabados en diccionarios de piedras, como huellas de la vía láctea trazada desde la colina de Pilak punta (Colina anónima), o de Illapunta (Colina o refugio del relámpago) O, Willappunta (Colina de la predicciones)?, o, Killapunta (Colina de la estrellas)? Pararín es el lugar de lluvias, el estremecido corazón de la alondra abriendo las ventanas de sus balcones, limpiando su mirada con el verdor de Maravia, y el reverbero danzante de Jaupak. 

Mientras Lumef pronuncie y defienda el alma de la Comunidad como oración u honda respiración de dignidad, Pararín no desaparecerá aplastada por “leyes” fanfarronas de usureros y sus  serviles vestidos de legalidad hechas de piltrafas ambiciosas. Mientras exista el agua de Tzunta, Poq’run, Parq’a, Manzayacu, Pararín seguirá siendo Pararín, y los traidores de arcadas y vilezas, no pasarán sin recibir las pedradas de desprecio de los pararinos/as.  Aquí, ningún ladrón pararino que robe las esperanzas de la Comunidad, aunque haga “obras” con parte de sus robos, será un “héroe”. Pararín no espera limosnas para progresar, si no, proyectos participativos, en donde cada quien reciba de acuerdo a su participación; a mas participación en su comunidad, mayor beneficios de su Comunidad, de ahí también la necesidad de construir los ojos del mundo en Pararín, utilizando como plataforma eterna, el poder de sus ojos de agua.

El proyecto Lumef, hecho con las energías de los puquios comunales como espíritus o amarus de la madre naturaleza, tiende a ser el mejor homenaje al Dios del agua, un nuevo santuario del Dios Pariacaca, para estos tiempos que apuntan a nuevos tiempos creativos y no solo consumistas y destructores.

Frente al colorido franela de anticomunitarios exacerbados por el dinero fácil, pretendiendo crucificar lo colectivo en nombre del individuo, negando la grandeza seductora del pasado inalcanzable de Pararín; Lumef, el espíritu de la Comunidad, ofrece su pensamiento colectivista como arma ancestral y cotidiano, para defender las conquistas comunales.

La Comunidad de San Juan de Pararín es la ficha de la dulzura indagando el cosmos como trapecio ilusionado de las emociones que trazan caminos  con dimensión de inteligencia, tendiendo siempre a lo supremo que es la paz con pan y respeto al derecho a la vida.

8

Desde el irisado balcón  hacia el pacífico, refrescado el corazón con el agua de los puquios del pueblo como latidos de barcos conduciendo juguetes en zumo de infancia, los primeros pararinos, escribiendo adioses con peces como pentagramas en claves de sol, encendieron flechas en relojes sin tiempo, burilaron la empuñadura milenaria de sus fronteras,  meciendo en latidos de Sierra, valles y el litoral, en donde la Comunidad  reposa oraciones de besos con el azahar de los suspiros  desparramando nubes como ganados sedientos corriendo tras almácigos regados por las brisas de las Lomas de Lupín.

Y todo el aire creador de los comuneros, redondeado en el sombrero de las comuneras que pasean el océano del orgullo de ser pararino con identidad, surge  la universalidad del comunero hecha de amor detenido en la vorágine desnuda del tiempo, en el trapezoide de las puertas de las chullpas como brazos abiertos al erotismo de  la esperanza  y no a la resignación punzante de lagartijas para el destello brumoso de turistas que no creen en culturas sino el placer de su dinero.

Lumef, espíritu de la Comunidad y lo comunitario, exhalando el perfume de los q’allampus, sabe restañar heridas en la rojedad de las cantutas y Zeq’rurus,  junto a la densa bruma como sollozos asordinados de los quereres,  columpiándose en las espinas de Q’altas como cristales diminutos en Pilapunta, Torre, Cushu, agazapado en todos los recodos sin dar tregua a los traidores  y sus trampas “legales” que “legaliza” los intereses anti pararinos, pretendiendo sorprender a inocentes como “negociadores” de cosas ajenas.

Con la traviesa intuición que levanta la mirada ante los extraños y enemigos agazapados, Lumef descubre gestos y mal de ojos  como piel arañada de los codiciosos que son idilios muertos de irreverentes traiciones.

9

De la construcción de los ojos del mundo en Pararín.
 


Al salir de mi casa familiar de Pararin, ubicado al costado derecho de la iglesia comunal, pegada a la vieja escuela 2do de Grado de varones 1341, y al mirar hacia la plaza, descubrí   a mi tía Enedina Dolores Camones, saliendo de su casa, apoyada en su bastón de lloque de Muni Quisra, con dirección a la plaza del pueblo.

La anciana tía, como cargando el peso de la vieja tradición pararina sobre su frágil bastón, cambiaba los pasos pesadamente, tratando de impulsar su añoso cuerpo hacia la primera banca de la plaza de Pararin que estuviera libre ¡las bancas de la plaza de Pararín siempre están libres!. Desde la reivindicación de las tierras de la comunidad, margen derecho, agua abajo del río fortaleza en 1963, Pararín es un pueblo de ausencias, polvo en el ojo del silencio en donde ya no quieren vivir ni sus autoridades. Su alcalde y su presidente de la Comunidad, creen que Pararín es una barriada de Barranca. El Distrito es  un destinatario invulnerable del recuerdo, a veces, una espada brillando amenazas imprecisas y, a veces, un dibujo planetario ojeando páginas de los sueños y buscando noticias de horizontes que ignora o nombres de árboles de delirios y sus regimientos de montañas guardando las claves de sus secretos comunitarios en los sombreros egregios de sus comuneras.

En esos momentos que en los sueños son los mismos, un repentino y fuerte viento, soplado desde el lado de Chinchis(Lugar-satisfecho) – Q’olquequirun (Lugar-de-dientes-plateados) con dirección de la iglesia comunal, arrebató el sombrero a la anciana tía que, instintivamente, se llevó una de sus manos temblorosas hacia la cabeza, como pretendiendo atrapar las sombras dejadas por su sombrero, y, con el otro brazo se afirmaba en su bastón que vibraba, como debatiéndose entre el sostener el cuerpo o caer con el.

En un santiamén, como  una flecha impulsada con violencia hacia algún objetivo determinado,  el sombrero de la tia Inish ha pasado zumbando amenazadoramente, casi rozándome el rostro. 

Siguiendo con los ojos el curso de la prenda de la tía, volar con dirección a la iglesia, he visto que esta caía en el atrio. Seguro de recuperar pronto el sombrero de la prima de madre, que en esos momento era una especie de capitulo suspendido de alguna página misteriosa de Pararín,  me he dirigido corriendo, al atrio de la iglesia, y, al llegar al lugar, he encontrado una muchedumbre de gente ligeramente agitada: unos, fuera de la iglesia, y, otros, dentro del recinto, moviéndose hacia el patio, como hacen durante las salidas de las procesiones en Semana Santa: miércoles santo, con el Sr. De las 7 caídas, el jueves, con el cristo crucificado, y, el viernes santo, con el santo sepulcro.

Quienes se hallaban fuera la iglesia, eran hombres, cuyos ponchos de diversos colores: negros, habanos, canosos, con listas y bastas que combinaban con el color de la lana de sus abrigos, tenían tesituras pararinas. Cada Comunidad tiene inconfundibles detalles en la forma de vestir, no es solo la combinación de los colores, sino también, la forma de llevarlas.

Los hombres parados en el atrio de la iglesia, parecían esperar algo o a alguien. Aunque no reconocía a nadie por sus máscaras, sabía que eran pararinos, que por alguna razón se mantenían  parados de tras de una línea marcada en el suelo con ceniza.

Los enmascarados emitian gruñidos raros, como una mezcla de cerdos satisfechos o perros renegando sus pulgas. Sin que pudiera especular sobre el particular, salían del recinto de la iglesia, las hermanas de mi padre: tía Jacinta, tía Nieves, tía Clementina, con sendas canasta tejidas de carrizos, llena de panes pequeños de diferentes figuras, los mismos tradicionales “panes benditos” de Pararín, que los funcionarios de Semana Santa reparten al público,  a la salida de la iglesia. 

Mis tías paternas, elegantemente vestidas, con sombreros nuevos, ricamente ornamentadas con cintas de colores, blondas y llamativos plumas de pavo real como penachos, llicllas azules y sayas negras con anchos ribetes celestes, empezaron  a repartir “panes benditos” a los enmascarados,  quienes, al recibir el bocado, se los llevaban a la boca, ladeando ligeramente sus máscaras. En un momento, los enmascarados parecían rumiar cascajos, al mover las mandíbulas, como hacen los cuyes mordiendo pasto casi desfigurando la dirección de sus trompas.

Mientras esto sucedía en el atrio, del recinto sagrado de la iglesia comunal, salía mi abuela, Doña Grimanesa Neyra, portando un enorme y voluminoso cirio blanco, ricamente adornado, como lo que solía labrar su hijo, mi tío Octaviano Dolores o  “Papá Ukta” para las fiestas de Semana Santa,  “Papá Ukta”. Fue el retablista histórico de la Comunidad de San Juan de Pararin, nunca igualado hasta la fecha.

La progenitora de mi madre, elegantemente vestido, como acostumbraba hacer para fechas memorables, especialmente para la Semana Santa, y, sobre todo para el Viernes de los Dolores, que para ella, era un asunto personal, que  celebraba con su propio peculio, hubiese o no funcionarios de Semana Santa, viniera o no, el cura para oficiar las misas.

No obstante de haber llegado a Pararín a la edad de 14 años, Doña Grimanesa Neyra, nunca había renunciado a su forma de vestir traída de su lejano pueblo de Uco (Provincia de Huari). Su vestuario consistía en un sombrero de paño o fibra vegetal, sencillo, con apenas unas cintas rodeando la copa del sombrero, sin muchos ornamentos, como usan las mujeres mestiza del callejón de Conchucos y de Huaraz. A diferencia de las monillas de las pararinas, adornadas con blondas y trencillas, mi abuela vestía camisas llanas, chaquetas ligeramente ceñidas al cuerpo, con vuelos brizados  sobre la cintura y con bolsillos a ambos lados; falda amplia, generalmente de telas satinadas y pañolón,  calzaba botines que le cubrían un poco más arriba de los tobillos. Esa noche,  también ella, al igual que las paisanas, llevaba su sombrero a la espalda, colgada con un cinta negra.

De tras de mi abuela, salía el Anda de la venerada efigie de la Virgen Dolorosa, cargado por cuatro mujeres. Para mi sorpresa, las cargadoras de la Virgen, eran las cuatro hijas de mi abuela: mi madre, Emilia y sus tres hermanas: mis tías: Hortensia, Juana y Natividad.

Las hijas de mi abuela, también vestían de fiesta. Ellas, pararinas de nacimiento e hijas del comunero pararino: Don Demetrio Dolores Dextre, a diferencia de la madre, habían adoptado de su Comunidad San Juan de Pararín, el hermoso y llamativo sombrero pararino; y, la lliclla o manto de castilla, que abriga espalda y pecho; pero, al igual que la madre; mi madre y sus hermanas, también vestían chaquetas ligeramente ceñidas al cuerpo, y , polleras y faldas amplias, pero, nunca usaron ni monillas con los puños decorados blondas y trencillas coloridas, ni las bellas sayas con bastas llamativas como usan las pararinas auténticas.

La Virgen Dolorosa, meciéndose en su pesada litera, sobre los hombros de cuatro devotas ancianas, parecía sonreír con benevolencia.

 Aunque todo parecía “normal” en aquel ambiente misterioso, me ha llamado la atención que el gran contingente de ese ritual extraño, fueran ancianos/as reivindicadores/as de las tierras de la comunidad del año 1963, mujeres y niños de esa vez, mientras los hombres, afuera, rumiaban el “pan bendito” de la Comunidad, ocultándose de tras de unas máscaras. ¿Qué esconden las máscaras: inocencia o culpa?

Mirando aquel espectáculo sui géneris en ese Pararín de mis recuerdos como sueños y sueños recuerdos, no podía dejar de cuestionarme: habiendo tantos hombres en la Comunidad, aunque enmascarados, porqué cargaban el Anda de la Virgen, cuatro mujeres viejas? El Anda de la Virgen es siempre pasado, por la cantidad de adornos florales que cubre las 4 paredes del Anda, mas, los cirios, de tamaños grandes y grosores ,calculados para durar muchas horas.

10

De tras del anda de la virgen María, precediendo el Anda del Santo Sepulcro, salían las hermanas Clorinda y Margarita Pomiano Dolores, y, al lado de ellas, mis tías Irene, Zósima  Dolores Camones, esparciendo por todas las direcciones, el aromático humo del incienso, a base de palo santo y  romero seco.

A las hermanas Clorinda y Margarita, les seguían niños con pantalones blancos, ponchos habanos, portando cirios altos y bien tallados. Los niños,  al igual que las tías, llevaban también sus sombreros de fibra vegetal, colgados en las espaldas con sendas cintas.

A las hermanas Irene, Zósima  Dolores Camones, les seguían niñas, todas ellas con llicllas verdes y sayas azul marinos y portando igualmente, cirios llamativos y sus sombreros típicos, colgados sobre la espalda. 

Ambos bandos de niños, soplaban burbujas de detergente o similar como oración, que, al salir de sus bocas, se transformaban en pájaros coloridos como canarios, guacamayos o colibríes en vuelo. 

Observaba aquel cortejo de niños, al mismo tiempo aspirando el fuerte olor que emitían los saumerios de las tías, cuando se ha producido un pequeño remolino de pájaros en la iglesia.  Al parecer, las aves en el recinto religioso, no sabían qué dirección tomar, y aleteaban a ciegas buscando salida, es ahí cuando como desprendiéndose de una jaula de cristal,  la paloma de la paz del Pader eterno, ha desplegado su vuelo y se ha echado a volar, lentamente, casi rozando las cabezas de los feligreses, con dirección al atrio de la iglesia.

En seguida, los  pájaros bordados en hilos de plata y oro como ornamento  en los mantos de los santos y santas, se han desprendido tambien de las telas y han empezaban a volar, de tras de la paloma de la paz del padre eterno.

Los niños y niñas pararinos, con las burbujas de sus fantasías seguían aumentando pájaros coloridos.

En un momento, tanto el interior de la iglesia, como el atrio, se han poblado de pájaros de todos colores, revoloteando nerviosos, posándose sobre la muchedumbre, pero, eludiendo a los enmascarados, como si entendieran el significado de la línea de separación marcado en el piso, con ceniza.

11

El Anda del Santo Sepulcro, avanzaba entre murmullos que simulaban rezos silenciosos, tratando de situarse en el centro del atrio de tras del de la Virgen Dolorosa. Entonces he caído en cuanta que, quienes cargaban el pesado anda del Santo Sepulcro, eran niños, entre 10-12 años edad, repartidos en dos filas, 6 niños, a casa costado, o, 3 niños en cada mango del anda.

Cuando una nube pájaros hubieron poblado el cielo de Pararín, se paso el coro de los cantores gregorianos del pueblo, saliendo de la sacristía, encabezados por  las potentes voces de los barítonos naturales: tíos Arcadio Dolores y Teotemio Depaz, que venían acompañados, haciéndoles coro, por los “curas” pararinos. Ahí venian: Jallakura (Cura-Forastero), Machasq’akura (Cura-borrachin), Ulikura (Cura-mentiroso), Llapshakura (Cura-blandenque o cura light) Piñasq’acura (Cura-amargado), Mallaq’aqkura(Cura-hambriento), Warmimunapaq’kura(Cura-antojadizo-de-mujeres), Wallpasuwakura(Cura-roba-gallina) etc, etc.  Todos los cantores gregorianos de Pararín o “curas” locales: vestían túnicas blancas, con gruesos cordones el mismo color, como los Santos Varones que cargan el Anda del Cristo Crucificado del Jueves Santo y el Santo Sepulcro de Viernes Santos.

Cuando las dos andas se hubieron posesionado en el atrio de la iglesia, uno tras del otro, han aparecido mi padre y  sus dos hermanos: Carlo Magno y Mario Villarreal Huerta. Mi padre, Manuel y sus hermanos: Carlo Magno, llevaban sendos papeles en las manos, como listas con nombres, con los que parecían chequear la presencia de las aves que, para ellos, parecía representar algo especial.

Tío Mario, como si conociera a cada  pájaro por sus respectivos nombres y apellidos, haciendo movimientos graciosos, señalaba con el índice y las aves, como si el tío hablara el idioma alado de ellos,  iban a posarse sobre sus hombros, entonces, el hermano de mi padre, tras acariciarlos suavemente, les susurraba algo y riéndose siempre, los soplaba cual si fueran pétalos secos de flores.

Al parecer, cada pájaro señalado por el tío Mario, representaba el espíritu de los puquios o manantiales de la Comunidad de San Juan de Pararín, sembrados en su vasto territorio, desde la Sierra hasta el océano pacifico, pasando por los valles de Huertas-Rari, por un lado; y, Maravia, por el otro lado.

En un momento, ligeramente preocupado, mi padre ha comentado. 

-Hay cinco espacios vacíos en mi lista. No sé a qué puquio corresponde. Cómo va en tu lista, Carlo Magno? Ha preguntado mi padre, a su hermano mayor.

-Si, ya veo que hay cinco espacios vacíos…El tío Carlo Magno,.tras contemplar la página, como auscultando más allá de lo material, ha dicho: Esos vacíos corresponden a Nahuínyaku (Agua-de-ojo-del-ojo), Jaupakyaku(Agua-que-susurra), Q’erpunyalu(Agua-que-gira-como-uso), Paq’an(Agua-que-se-lava) y Wararq’in (Agua-del-amanecer) ¡Me extraña que no hayan enviado sus representantes hasta ahora! En cada acuerdo comunal se renueva el pacto comunal de convivencia, sin respeto a los acuerdos comunales, ya no puede haber Comunidad. Los acuerdos comunales se acatan, y no se discuten.- ha sentenciado ligeramente fastidiado, tio Carlo Magno.

- Todos los puquios de  la Comunidad, sabían que hoy se construiría en Pararín, Los ojos del mundo - dijo mi padre- Pararín es de todos, y, solo estando todos, seguiremos siendo una Comunidad. Y desde la lejanía de los tiempos, la Comunidad ha sido un bosque de energías con sus palos secos, su rebrotes y sus almácigos eternos. Los vivos y los muertos tejen la existencia como juego o fuego de energías y todas las energías son vitales, no existen energías muertas, por eso la Comunidad es sinónimo de vida.

-Marito?,-ha preguntado cariñosamente mi padre, a su hermano.

-Sí, Mañuco. –ha respondido tío Mario, en el mismo tono de voz fraterna-

 -…Y los Santos, han contribuido ya? Nadie que utilice el agua: hombres, plantas, animales y dioses, pueden dejar de contribuir en la construcción de los ojos del mundo, utilizando los espíritus de los puquios de la Comunidad. La Comunidad da vida a la iglesia y también la iglesia, alguna vez, tiene que dar algo a la Comunidad para seguir viviendo, porque los dioses solo existen por los hombres. Como en el mito de Cuniraya-Wiracocha, es preferible para las comunidades, dioses miserables con pueblos felices y no dioses arrogantes y mezquinos, en medio de pueblos miserables.

Entonces, el siempre alegre tío Mario, ha contestado picarescamente a su hermano.

-Aumi Mañuco, llapan santukunapish pishkuntam koyasq’a, llapan santakunapish urpintam koyashq’a (Sí, Mañunco (Manuelito) todos los santos han donados sus pájaros y todas las santas, sus palomas) Mi ha padre ha sonreído ante el comentario de su hermano, y el hermano mayor Carlo Magno, miró serio a sus dos hermanos y ellos, bajaron la cabeza.

En esos mismos instantes,  ligeramente casados, llegaban los cinco pájaros faltantes en la lista de los Villarreal. Los 4 pájaros de los valles: Nahuín, Jaupak, Q’erpun, Paq’an, y, el de la Sierra:  Wararq’in.

Nahuínyaku, Jaupakyaku, Q’erpunyaku, Paq’anyaku, representantes de los ojos de agua de los valles, tenían diferentes tamaños, dependiendo al manantial que representaban.  Los colores eran escuetos verdes, cuello blanco, picos y patas ligeramente anaranjados que caracteriza a los pájaros de los valles,. y, el representante de Wararq’inyaku, era un pájaro pequeño, de los comunes gorriones andinos, color jaspeado y mirada desconfiada.
Los cuatro pájaros de  los valles, traían entre sus frágiles garras, dos flores de amancaes, cada uno, flores amarillas de polen perfumada, que, al llegar al lugar, depositaron  uno, sobre  el anda de la virgen y, el otro, sobre el anda del Santo Sepulcro. El espíritu de Wararq’in, trai entre sus frágiles garras, dos pullullimas (pequeñas flores de pétalos de color rojo suave, con bordes verdes y de figura ligeramente abombadas, que crece protegida por las ranuras de la rocas o debajo de los arbustos serranos.

El espíritu del puquio de Wararq’in, luego de hacer la misma ceremonia con las flores; depositar uno en el anda de la Virgen y el otro en el anda del Santo Sepulcro, ha girado sobre las cabezas de los hermanos Villarreal, e inmediatamente se ha dirigido hacia los enmascarados, tras sobrevolarlos, ha soltado sus excrementos y se ha ido a unirse  a sus congéneres bullangueros, congregado todos, para  contemplar el desarrollo de la  construcción de los ojos del mundo en Pararín.

12

Cuando Pararín parecía estar en absoluta calma, como esperando alguna señal para ponerse movimiento,  mi abuela, con un ligero movimiento de su cirio ricamente ornamentado, ha indicado que las cargadoras de la Virgen María, las 4 hermanas Dolores Neyra,  alzacen y se pusiesen sobre los hombros, y, los 12 niños cargadores del Anda del Santo Sepulcro, hiciesen lo mismo.

Cuando ya las dos literas descansaban  sobre los hombros de los respectivos cargadores, se produjo nuevamente un pequeño  remolino, como lo que había sucedido  en el interior de la iglesia para el desprendimiento de la paloma de la paz del Padre eterno,  y, como si de repente alguna presencia majestuosa se apoderara  de Pararín. Los pájaros, posados en los tejados, se han alborotado, como si de repente se vieran descubiertos  en sus intimidades, por alguna fuerza depredadora.

En ese pequeño transito de alboroto plural que cada  ave como expresión del aislamiento o personalidad manifestaba con sus aleteos nerviosos, se sintió la presencia de Lumef como espíritu de la Comunidad: Unidad de la diversidad y diversidad en la unidad.

Y la suma de la brevedad era el sustento de la eternidad en  Pararín. Porque cada acontecimiento es único y para siempre, incluso la sombría monotonía de sucesión de meses y años, son únicos e irrepetibles.
 
 
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Entonces, como si la suma de los sucesos engendrara sentimientos de duración y brevedad a la vez, se presentaron con sus ponchos y sombreros nuevos, los comuneros de la Generación de Oro, los reivindicadores de tierras de 1963, con el entusiasmo que hace 52 años, aquel inolvidable día del 25 de septiembre 1963,  pusieran en movimiento la pesada maquinaria de la Comunidad, en transito de los nuevos tiempos, reivindicando sus tierras, al margen derecho, agua abajo del río Fortaleza.

Las aves que, hace un rato se alborotaran ante la presencia misteriosa de los Reivindicadores, empezaron a cantar sus más bellos trinos y en un santiamén, los reivindicadores, como encarnando el espíritu de la Comunidad eterna, se transformaron en perfume y luz de Pararin.

En seguida, como cumpliendo un protocolo previamente establecido, los Reivindicadores, con el tío Adrián Dolores Camones a la cabeza, han doblando una punta de sus ponchos y colocándolos como almohadilla en el hombro para amortiguar  el peso del anda,  sustituyeron a la cargadoras del Virgen de los Dolores: tio Adrián a  mi madre Emilia, tío Florencio Dolores Camones, a mi tía Hortensia, el tío Heráclides  Zavaleta Soto, a mi tía Juana, e, Isabel de la Cruz Antúnez, a mi tía Natividad.

Siguiendo con el mismo protocolo, otros reivindicadores, como mi primo Sabino Depaz Villarreal,  doblando también  la punta de su poncho, ha colocado sobre su hombro a modo de almohada de amortización y, ha sustituido a 3 de los niños cargadores del  anda del Santo Sepulcro. Tío Patricio Dextre Osorio, a otros 3 niños cargadores, haciendo pareja con Sabino, Jorge Camones Mónico ha sustituido a 3 niños de uno de los mangos del anda, y, finalmente, mi cuñado Demetrio Moreno Camones, ha sustituido a los últimos 3 niños cargadores del Santo Sepulcro.

He pensado si Pararín, no habría estado defendida siempre solo por ancianos, mujeres y niños, mientras los hombres, mascaban panes benditos de la Comunidad, sin preguntarse quienes  amasaban y horneaban los mismos; ni con qué trigo y agua se amasaban  lo  que ellos, tan fácilmente se comían sólo por haber nacido en Pararín.

Cuando las dos pesados  andas ya descanzaban sobre los hombros de los sagrados reivindicadores de tierras de la Comunidad de 1963, el cirio de mi abuela, se ha transformado en una enorme culebra de vivos colores, como los conocidos Intipawarq’an (Culebra-la-honda-del-sol), que, blandiendo amenazadoramente su lengua viperina, hacia esfuerzos, por zafarse de las manos de mi abuela, para atacar a los enmascarados.
 
Asustados y sorprendidos, por la repentina amenaza del  cirio-serpiente de mi abuela, los enmascarados, se apretujaron entre ellos como buscando protección recíproca; y en esos momentos de apretujamiento, se les cayeron las máscara al suelo y , de inmediato, las máscaras  se transformaron en una norme  alfombra de flores de pétalos de color rojo vino tinto.

La calle San Juan, que parte al pueblo en dos: barrio abajo y barrio arriba, se ha cubierto de flores rojas, de aquellas  flores  típicas de Pararín conocidas como Seckruru (Coágulos-de-sangre-seca), Seckruru , flor de corolas acampanadas,  es una suerte de lirios silvestres, abundantes en Pararin, durante los meses febrero marzo, cuyo color rojo guinda,  transforma a los campos, en espectáculos bellos contemplados desde una distancia.  Del color bermejo de los pétalos, con nervios y bordes verdes, le viene el nombre: Seckruruhueyta  (Flor-de-coágulos-de-sangre-seca).

Y sobre las máscaras de los pararinos convertidos en flores de Seckruru, ha pasado la procesión con las pesadas andas de la fe, con dirección al cementerio, cargados por los Reinvindicadores.

Mirando el cirio-serpiente de mi abuela, he pensado en el Dios Amaru como representación de los  ríos. Amaru es energía y la energía se manifiesta en gotas o en puntos como ondas de repetición de repeticiones. El río es una sucesión infinita de energías como sucesión de gotas de agua.

Entonces, las nubes en los andes y las celliscas en la costa, son  manifestaciones de energía, igual que las  gotas de  lluvia que caen  o las nieves que sonríen  o las escalactitas que esconden sus complejos en las cuevas.  Es posible que el nombre de Para-rín(  Paras = Lluvia – con sufijo Rín = lloviendo)  como lugar que está-lloviendo, haya sido puesto, tras   contemplar las caídas de lluvia, desde su recipiente sideral sobre los santuarios. Entonces me ha parecido normal que el cirio de mi abuela fuera un Amaru, porque ella misma era energía caminante, lo mismo que los pájaros, representando en ese momento al espíritu de los ojos de agua de la Comunidad, para construir los ojos del mundo o un nuevo santuario para el Dios Pariaca o Dios del agua en Pararin, adorado por los antiguos peruanos, cuyo olimpo estaba ubicado en lo que ahora es el litoral pararino, desde el Cerro de Horcas hasta Huarmey.

13

Construir los ojos del mundo en Pararín, utilizando los dos manantiales banderas de Pararín: Tzunta y Poq’run, obedece a que el Santuario de Pilapunta tiene su Patzapa Shimin (La-boca-de-la-tierra o La-voz-del-mundo) como homenaje a la Madre Tierra, y había necesidad de crear los ojos del mundo, transformando los dos manantiales banderas del pueblo: Tzunta y Poq’run, agigantados por las necesidades del tiempo, y trasformados en los  Wiracochas de Pararín. (WIRA= Grasa o combustión, energía, y, COCHA = Estanque, depósito o recipiente que contiene energía, Wiracocha = Continente de energía). Y toda edad comienza con el agua y termina en el agua. 

Los PATZAPA NAWIN de Pararín, serían los Wiracocha  del Distrito. Con el agua se mueven todas las energías porque la vida es fluida de energías, en donde los vivos  y los muertos siempre viven engarzados en el Wiracocha, dios de la energía.

 Los  Wiracochas de Pararín, serán el punto de unidad de la Comunidad, por convergir en ellos, todos los intereses.  Todo inversión en Pararín, pequeña o grande,  siempre será una obra de trascendencia, porque beneficiará a todos los pararinos. 

Sin quitar los ojos del cirio-serpiente de mi abuela, amenazando a los enmascarados y orientando la marcha de la manifestación religiosa hacia el puquio de Tzunta, pensaba en el Dios Wiracocha, energía en reposo.

A lo largo de los tiempos,  el Dios Wiracocha se fue metamorfoseando en diferentes dioses andinos, pero todos ellos, relacionados con  la creación , el trabajo como máxima virtud del genero humano. El trabajo es la verdadera fuente de felicidad, pues, en donde todos trabajan organizados y en solidaridad, hay paz. Cuando las manos están ocupadas, la mente se mantiene en paz. 

Al tener todos, lo que deben tener, no hay robos ni mafias envenenadoras; el problema es cuando unos cuantos empiezan a vivir del trabajo de los demás.

Cuando la procesión se desplazaba entre murmullos como rezos y los gorjeos de las aves,  se dejó oír, desde el lado del cementerio, los bordoneos profundos , broncos  y mágicos del arpa de mi tio Rufino Dolores Neyra , tan conocidos por mi, por haberlos  oído desde el primer momento que vine a este mundo, en Pararin. 

Junto a los arpegios del instrumento de mi tío- padrino-, que venia ejecutando su instrumento suspendido en aire, haciendo descansar la cabeza del voluminoso instrumento sobre su hombro izquierdo, se han manifestado  también los violines, con sus sonidos misteriosos, los clarinetes con sus cadencias brillantes, las sordinas con sus mensajes metálicos, haciendo de  Pararín, un  lugar festivo, sin ser propiamente, una fiesta.

Emocionado por la presencia del conjunto musical pararino, liderado por mi tío padrino, no me había fijado que junto a mi tío Rufino, venían también, tocando su violín, mi hermano Fortunato, en compañía de  Teodosio Depaz, Melecio Depaz, mi cuñado Pedro Requena, mi primo Alejando Simeón y tantos otros músicos pararinos a quienes no recordaba bien.

En esos momentos, los pájaros parecían imitar a las mariposas en sus leves movimientos aéreos y mariposeaban por todo el ambiente, como si alguien soltaran pica picas de colores desde el cielo. Los niños/as correteaban como compitiendo con las aves, soltando burbujas que se transformaban en pájaros. La orquesta, conformada por todos los músicos pararinos que en vida fueran, venía al encuentro de la procesión, cuyas andas crujían sobre los hombros de los Comuneros de la Dignidad (reivincadores de 1963).

Al llegar a la altura de del puquio de Tzunta (Chonta), el conjunto musical ha quedado en dicho lugar, tocando melodías sagradas, relacionadas con las liturgias. Las mujeres, luciendo sus hermosas figuras,  contemplaban embelezadas, las manifestaciones de los pájaros y las gracias de los niños. Los hombres, ya sin máscaras, se mantenían ligeramente a distancia, como temiendo alguna censura de los viejos, mujeres y niños que mantenían el espíritu de la Comunidad.

14

Llegado el cortejo al  lugar de destino: el Puquio de Tzunta. Toda la comitiva se ha detenido. Y, a una señal de mi abuela con su cirio-serpiente Amaru, los cargadoras del anda de la Virgen, han plantado la litera  en tierra, casi, en la misma puerta del milenario puquio. La orquesta ha cambiado de ritmos y melodías; de sagradas a alegres y festivos huayno. 

Entonces ha aparecido  mi hermana Oriola, vocalista del Conunto Sol de Pararín, ha cantando y bailando, en medio del primero elenco de Pallas de Pararín, formado por ella y su hija Marisela Requena Villarreal.  Oriola, en dúo con su hija, cantaba, emocionada, su propia composición: Pararín Querido.

Pararín pueblo querido
Testigo de mis amores
Tú no mas estas sabiendo
La vida que estoy pasado.
Cuanto más lejos me encuentro
Añoro tu bello paisaje


Mientras  Oriola, desempolvaba recuerdos y esperanzas, con el marco musical del conjunto musical liderado por el Profesor  Rufino  Dolores, como en una especie de pantalla mágica surgida del puquio de Tzunta, aparecían ráfagas de destellos de imágenes de recién nacidos, llorando sorprendidos ante el primer contacto con Pararín a través del agua de sus puquios; ancianos temblorosos bebiendo agua en unos mates burilados, mujeres lavando cadáveres para vestirlos con sus últimos prendas terrestres, constructores de casas, pisando barro para labrar adobes, mujeres peinándose utilizando el agua como espejo,  pájaros bebiendo agua o, recogiendo con sus picos para regar unas flores bellas sembradas en torno al viejo manantial. Las imágenes de la pantalla pretendían mostrar que el agua del puquio  de Tzunta, era Pararin eterno, con sus nacimientos, muertes y resurrecciones.

Entonces, el anda de la Virgen Dolorosa, como si se tratase de un enorme bloque de hielo, ha empezado a derretirse: los ornamentos de la Litera: flores y cirios se convertían agua. 

En un abrir y cerrar de ojos, ha aparecido un  enorme estanque de agua cristalina, como espejo saludando el limpio cielo azul pararino.

La Virgen Dolorosa  sentada en la puerta del manantial, vestida de pararina, de sombrero, lliclla y  saya, hacia bailar una  rueca  con el que hilaba  lana blanca.  La rueca, artísticamente impulsada por los delicados dedos de la Virgen, hacia el nuevo estaque que parecía lago congelado en su mejor coquetería,  parecía aumentar el volumen del agua del nuevo puquio de Tzunta,; en donde  la imagen de la adorada se transformó en un saludo  de la tierra al cielo, a través del trabajo colectivo entre todos los usuarios del agua.

Cuando los comuneros/as contemplanban embelesados, sorprendidos y contentos el rostro de la Virgen reflejado en el nuevo puquio de Tzunta, la orquesta ha vuelto a tocar melodías sacras. Y, como siguiendo un libreto  preestablecido, la imagen de la Virgen, agitada por alguna fuerza invisible, ha empezado a moverse suavemente, como bandera, sobre la quietud misteriosa  del agua que captaba toda la dimensión cielo.   Entonces,  el milenario puquio de Tzunta, se transformó en un enorme espejo rodeado por las delicadas flores azules de lavanda, pigmentando con el color del cielo la Unidad de la diversidad  y la diversidad en la Unidad de la Comunidad representada por espíritus de sus manantiales construyendo los ojos del mundo para un futuro diferentes y mejor para los pararinos.

Terminada la intervención de Oriola, nuevamente mi padre y sus dos hermanos: Carlo Magno y Mario, han vuelto a  desdoblar sus papeles, como chequeando la lista de puquios de la Comunidad de San Juan de Pararín, representados por sus espíritus alados.

Mi abuela, contemplando la imagen de la Virgen Dolorosa de su adoración reflejada en el agua,  ha hundido dos dedos en el agua, del nuevo estanque de Tzunta, como hacen los fieles  con el agua bendita al ingresar a la iglesia. Era difícil saber si mi abuela quería comprobar la presencia del agua  para creer, o, si quería llamar la atención de la venerada hacia ella misma.

Al ver a la abuela mojar los dedos con devoción, las pararinas que acompañaban el cortejo religioso han hecho lo propio.  Luego de santiguarse con los dedos mojados en el agua del nuevo estanque, las pararinas han recogido un poco liquido elemento con sus manos y se lo han llevado a los labios.  Los viejos reivindicadores, y niños y los pájaros, han imitado a las comuneras.

La orquesta de los músicos pararinos de ayer, seguían poniendo el marco musical, para los constructores de los ojos del mundo en Pararín de hoy para mañana.

En esos momentos, la madre de mi progenitora,  miraba a sus hijas que, al igual que las demás paisanas, bebían el agua de nuevo Tzunta, cogiendo con sus manos. La única que no bebía esa agua, era ella que parecía esperar algo o a alguien. Entonces, como adivinando los pensamientos de su progenitora, mi madre ha dicho a la esposa de su padre:

-Mamá, yo sé que tú esperas tu agua de Paskayaku; ahora mismo voy a ir a traerte. Mi abuela ha mirado a su hija con ternura y ha vuelto contemplar con reverencia, la imagen sagrada de la Virgen moviéndose sobre el agua del nuevo Tzunta, Los constructores de los ojos del mundo, habían respetado el antiguo filtro del manantial, es más, los habian rodeado de hermosas flores abanicadas por mariposas multicolores.

La orquesta liderada por mi tío-padrino, que tocaba el fox incaico: Jarapuklla (El juego del maizal), composición de mi tío Rufino, ha cesado, y nuevamente los cantores gregorianos de Pararín,  han entonado rezos en quechua y castellano, que las mujeres respondian con voces, en falsete.

Los niños/as, suspendiendo su juegos de hacer  burbujas que se convertían en nuevos pájaros, ofrecían en pequeñas tazas, dulce de membrillos a los reivindicadores-cargadores de andas, estos los recibian y se los tomaban con delectación.

Nuevamente, las hermanas Villarreal  Huerta (Jacinta y Nieves) han aparecido con sus canastas llenas de panes benditos y han empezado a repartir al publico, comenzando por los Reivindicadores.

15

Considerando que el descanso ya había sido suficiente y dejando a la Virgen girando su huso sobre el agua de Tzunta, mi abuela nuevamente con su cirio-serpiente ha hecho señal de movimiento y los cargadores reivindicadores del Santo Sepulcro, han levantado el anda y han empezado ha caminar con dirección  del estanque de Poq’run.

Llegado la comitiva festiva  religiosa a Poq’run, los comuneros/as han repetido ritos idénticos al del hecho en Tzunta. Los cargadores han colocado el anda del Sr, casi en la puerta del ojo de agua de Proq’run, desfigurado por la irresponsabilidad de un alcalde improvisado y chambón; y una bandada de pájaros han revoloteado sobre las cabezas de la comitiva y los músicos, mientras en secuencias casi simultáneas, el anda del Santo Sepulcro, se transformaba en el Sr. De las Siete caídas, que sale el Miércoles Santo, en el de Cristo Crucificado que sale en procesión los Jueves Santo y nuevamente, el del Santo Sepulcro que sale los Viernes Santo el anda, como si se tratase de un bloque de nieve, ha empezado a derretirse; y poco a poco, transformándose en un enorme estanque.

En la puerta del ojo de agua Poq’run, ha aparecido la figura de Cristo, el de la última Cena. Un personaje misterioso, una mezcla de líder, profesor, conferenciante, confidente y jefe, y su figura se ha reflejado en el agua, como señalando que la única resurrección humana es través del trabajo colectivo. El individuo puede ser redentor y crucificado, pero las colectividades organizadas, formando un solo cuerpo hecho de solidaridad, vencen todas las tentaciones y los atentados de herodes.

En un momento, como si de repente se le hubiesen roto todas las cuerdas de su arpa,  el tío Rufino ha dejado de tocar su instrumentos, presurosamente ha recostado su enorme instrumentos contra una piedra y se ha dirigido al estanque, como urgido por ver la imagen del Sr. Reflejado en el agua o beber de él.

Cuando pensaba que él haría lo mismo que los paisanos: beber el agua haciendo cuenco con sus manos, mi tío-padrino ha capturado suavemente un pájaro, el más colorido y tierno, y, acariciando suavemente su bello plumaje, ha buscado con la mirada a alguien especial, entre la multitud.

Pensaba que mi tío-padrino buscaba a su madre, a quien  en vid, tanto quería; ¡pero no!, a quien buscaba entre la multitud, era a su esposa. Haydée Pomiano Vidal, que en esos momentos, luciendo su más fina coquetería, ataviada con la vestimenta típica pararina; sombrero huachano, lliclla, monilla con bobos en las mangas y saya con listones llamativos en los bordes, miraba también hacia su esposo, acariciando  un pequeño pájaro colorido como los quetzales mayas, o los turpiales venezolanos, como queriendo demostrar que el amor eterno, si existe, y lo de ellos, había sido un amor a prueba de tiempo.

Y ante la mirada enternecida de los paisanos, los esposos  regresaban abrazados, hacia el arpa del tío, recostado contra una piedra de Poq’run. Acompañado por esposa sonriente, el tío  ha empezado a tocar su instrumento predilecto, con mayor destreza y brillo, comenzando por unos fox incaico en los que él era insuperable, cambiando bruscamente ritmos y melodías ha llegado hasta la conocida melodía “Quisiera ser Picaflor” melodía preferida por su esposa. En esos momentos, tía Haydée soltaba el pájaro colorido que tenia entre sus manos y lo ha orientado hacia la imagen de Cristo reflejado en el ojo de agua de Poq’run, e, inmediatamente los hermanos Villarreal, han  vuelto a  desdoblar sus papeles como chequeando por ultima vez la lista de los puquios de la Comunidad, en Poq’run.

-Han chequeado bien la lista Carlos Magno y Mario? Ha preguntado mi padre a sus hermanos. Estan todos los que tenían que estar en este dia histórico?

-Si Manuel, -han contestado los aludidos, en coro-  Tio Carlo Magno, ha seguido- Hemos chequeado todo. Todos los Ayllus han enviado el espíritu de sus puquios,  todos los  puquios de  Pararín están representados  en este gran Wiracocha, u homenaje pararino al dios Paraicaca (Dios del agua) que devolverá a Pararín su prestancia de milenios, para los nuevos tiempos.

-Qué bueno –ha comentado mi padre- Pararín es una Comunidad milenaria, pasó a los Incas, con la fuerza de sus Ayllus, a los invasores españoles, con la unidad de su Comunidad confederada por 14 Ayllus, pasará a la acomplejada y extranjerzante Repíblica peruana, que pretende destruir Comunidades en señal de “progreso” con constituciones privatizantes dictadas por un japonés. Pararín no es Comala de Méjico, en donde los muertos solo viven por el rencor a Pedro Páramo, que les quitó las tierras y les sembró de hijos sin pan. Y a los pobres que aun mantienen sus  tierras, Pedro Páramo les obliga a sembrar la muerte, con el maldito negocio de las  drogas, convirtiendo al Estado mejicano en cómplice y socio del negocio sanguinario. Pero los campesinos mejicanos, como los peruanos, quieren sembrar vida:  maíz, fréjol, nopal,  chili, cacao, como Pararín, ha decidido sembrar el futuro más largo y luminoso desde la más lejana esperanza que es su pasado.

Pararín fue siempre una comunidad de hombres y mujeres libres, aquí nadie conoció el repulsivo rostro de gamonales humillando a sus semejantes como Pedro Páramo, ni la despreciable conducta de los mineros serviles a los extranjeros, presumiendo ser blancos por tener dinero, con trabajos ajenos.

La construcción de los ojos del mundo, asegura a Pararín  su condición de Comunidad de hombres y mujeres libres y no de llorosos y arrepentidos traidores. La comunidad es una canción de infancia rodando fulgores por litorales inefables. Es la transparencia de la voz del  agua con calendarios armando el irrenunciable abecedario de  los abuelos con sus cascadas de lágrimas y esperanzas.

Con la construcción de los ojos del mundo, con el espíritu de todos sus puquios y manantiales de la Comunidad, Pararin se  prepara para la vida eterna, porque  la construcción de los ojos del mundo en Pararín, es clavarle la mirada a la eternidad desde una obra colectiva, solo la colectividad organizada sobre la solidaridad, podrá un día, dialogar con Dios…..-

En esos momentos el nuevo estanque de Poq’run, constituía la gigantezca figura de Cristo en actitud de conductor de masas a la tierra prometida.

- * -

Los Reivindicadores, cargando las andas de la renovación, confirmaban que efectivamente las Comunidades sólo pueden vivir, cuando todos asumen sus responsabilidades como acto de fe, y no como una coartada para subastar las tierras de la Comunidad, a favor de unos cuantos espurios y en contra de la vida de infinitas generaciones pasadas y del porvenir.

En esos instantes, sentí un zumbido raro, casi amenazador, como si alguna fuerza desconocida  quisiera borrar la obra comunal hecha de las energías de ayer y de hoy para el mañana. Un fuerte olor a crisantemos se ha impregnado del lugar.

El zumbido amenazador que me había intranquilizado,   era el sombrero de mi anciana tía Enedina, que regresaba hacia mi, casi con la misma fuerza impulsada desde  la plaza del pueblo hacia el atrio de la iglesia que lo había visto pasar.  

Poq’run ya era un silencio de creación o redención. Ya no estaban los comuneros/as. Ya no estaban los pájaros coloridos; ya no estaban los músicos ni los cantares gregorianos, ni los reivindicadores, solo la imagen de Cristo reflejado en el agua, parecía confirma que la fe es personal y las creencias, cosas de grupos que no siempre con fe.

El sombrero de la anciana tía Enedina, como si tratase de un festivo  platillo  volador,  o ave extraviado regresando a Pararín, giraba a mi alrededor como tratando de decirme algo. Entonces, he capturado la prenda de la tía, suavemente como si se tratase de un ave doméstico,  y, contento con el pensamiento de darle alegría a la prima de mi madre, entregándole su prenda recuperada, me dirigía con dirección a la plaza.

Estaba a la altura de la iglesia de vuelta a la plaza del pueblo, cuando escuché la voz de mi madre, llamándome desde el lado de Q’qmishjirka (Cerro-de-los-mitos). Al volver la mirada hacia el lugar de donde provenía la voz de mi progenitora, he visto a mi tío Rufino, casi volteando la curva de Llamabashillun (La-pezuña-del-venado), montado sobre su caballo blanco, no sé si “Avión” o “Sóstenes” con dirección a nuestro Ayllu familiar de Muni Quisra. He visto  que el tío sobre el caballo, cargaba su arpa en el hombro, como si fuera tocando y, pegado a sus espaldas iba su esposa, con la mismas coloridas vestimentas pararinas que la había visto en Poq’run.

Contemplaba a mi tío-padrino dirigiéndose a nuestro Ayllu familiar de Muni Quisra, cuando escuché la voz de mi padre, llamándome desde del barrio de Poq’run.  Al voltear la mirada para ver a mi padre, he visto que todo el cerro de Rukustanan (Donde-se-asienta-los-buitres) estaba embanderado de telas coloridas tremolando presencias o sorpresas festivas; y, por el camino que bordea Rukustanan , dirigiéndose a la meseta de Pelotapampa en Pilapunta, casi desaparecían un grupo de niños poblando de pájaros coloridos el cielo pararino y de los dos nuevos estanques de aguas cristalinas de Tzunta (Chonta) y Poq’run, se levantaba un enorme y majestuoso arco iris hacia Pilapunta.

Desde el abra de Paurayaku, ubicado sobre el pueblo y cerca de Patzapashimin, partía una potente luz  de color oro, y sus rayos se tendían por  todos los caminos que van o vienen de o hacia los Ayllus a Pararín, y todos caminos parecían surcos conduciendo gruesas sogas doradas.
 
Tamborileando con los dedos, el sombrero bien adornado de tía Enedina, me he quedado contemplando con estupefacción y temor, las fosforescentes columnas del arcoiris  que unian Patzapa Shimin de Pilapunta y Patzapa Nawin del Distrito de Pararín, como eternizando la Comunidad, lugar de todos y para todos,  y un lugar de todos defendiéndola de las cizañas individualistas, de las angurrias de  los mezquinos y corruptos,  será siempre un lugar de paz.

En esos momentos decisivos para mi conciencia, no sabía a cual de mis padres ir a buscarlos primero; o, a mi madre que me llamaba desde su Ayllu familiar Muni Quisra, o, a mi padre que me llamaba desde el compromiso sagrado con su Comunidad de San Juan de Pararín. A lo mejor, el sombrero de mi tía Enedina en mis manos, simbolizaba todo eso: mi Comunidad, mis padres, mis hermanos, comuneros pararinos todos, por siempre.

Régulo Villarreal Dolores

Como un Saludo por Año Nuevo 2016, al Glorioso Frente de Defensa de los Intereses de Pararín –FREDEINPA- abnegado defensor de la Comunidad y lo comunitario, bajos los principios éticos de solidaridad y generosidad organizada, lección que nos dejaron nuestros mayores, forjadores de la Comunidad de San Juan de Pararín-  Prov. Recuay- Región Ancash-Perú.

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