viernes, 3 de marzo de 2017

DÍA MUNDIAL DE LA VIDA SILVESTRE - POR ARMANDO ALVARADO BALAREZO (NALO)

 
LOS CAZADORES MÁS BUENOS DEL MUNDO
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 Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo) 
 
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Llegaron a Tupucancha a las 10 de la mañana. Ninguno de los cinco arribó con equipaje, pero cada quien portaba una carabina. Fue el último viernes de marzo de 1962, a un día para que culminen las vacaciones escolares.
Descansaron dos horas y salieron a cazar aves a la laguna de Conococha, según le comentaron a mi abuelita, minutos antes de partir.

Mientras se marchaban, pensé: "los malos andan armados y en grupo", presagiando la muerte de mis amigos plumíferos de la laguna, a quienes ya había bautizado con los sobrenombres de los chiuchis de Jircán, barrio donde vivía con mis padres y hermanos en Chiquián..

Desde el mediodía hasta el ocaso, con el viento estrujando los mechones de ichu le pedi al Se
ñor de las Alturas que los cinco cazadores vuelvan con las manos vacías.
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Cuando retornaron sentí un escalofr
ío en el cuerpo al ver a dos de ellos con un abultado costalillo. "Dentro de los costalillos están muertos mis amiguitos de la laguna", musité dolido, y sollozando me fui a dormir, mas no logré conciliar el sueño.
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A las seis de la mañana, al escuchar voces y risas que venían del patio, salí. Los cazadores se estaban despidiendo de mi abuelita, con sus carabinas al hombro. Se iban con las manos vacías. Por eso en cuanto se marcharon fui corriendo a la habitación donde pasaron la noche. Sobre la mesa estaba un costalillo doblado en cuatro,
y las migajas de los panes que desayunaron. En una silla aguardaba el otro costalillo, totalmente repleto. Orando de corazón lo abrí, y mi sorpresa fue la mejor expresión de la esperanza y la fe, pues no estaban los cuerpos inertes de mis amiguitos, sino panes que los cazadores compraron en el poblado de Conococha para dejarnos como agradecimiento por el hospedaje.
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Con las pupilas bañadas por la emoción caminé y caminé lo más rápido que pude hasta la laguna... Gracias a Dios allí estaban todos mis amiguitos plumíferos: 
"Mañuco", "Cañita", "Uluy", "Ishilín", "Anchita", "Ticucho", "Añico" y "Nicucho", cada quien liderando su cuadrilla de tiernos aguash que nadaban a sus anchas sobre las cristalinas aguas. 
 
También estaba parada en la orilla la huachua "Chichica" junto a su novio "Patuco". 
 
Los liclish, ácacas, huaychos y cientos de pajaritos con sus trinos y vuelos acrobáticos me anunciaron un bonito día. 
 
Mis demás amiguitos vendrían más tarde desde los deshielos del Tucu Chira..
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No sé si los señores erraron los tiros por impericia. Quizá sus armas eran como la "Carabina de Ambrosio". O iluminados por el Altísimo, ni siquiera apuntaron a las indefensas aves al percatarse que su belleza silvestre llenaba de vida a la laguna; solo sé que los cinco seres humanos que visitaron la Puna aquel viernes 30 de marzo, fueron LOS CAZADORES MÁS BUENOS DEL MUNDO.
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Lima, 15 de junio de 2001

Fuente:

"El Juguete y Otros Cuentos", de NAB.


 
. CUCULÍ

Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)

La madrugada del sábado 16 de junio de 1973, en circunstancias que revisaba unos apuntes chiquianos después de haber apagado 22 velitas junto a mis padres y hermanos, hallé este poema inconcluso que escribí en Lima el 30 de agosto de 1972, apenado por no haber podido viajar a Chiquián para pasar la fiesta de Santa Rosa con mis familiares y amigos:
 

No sé si fuiste estrella o centella,  
quiza tierna avecilla o dulce semilla, 
tal vez lluvia, de repente rocío; 
sólo sé que eras todo para mí: 
 vino, caricia, sangre, fuego...

Mientras leía el poema me pareció escuchar el dolido canto de la paloma cuculí, que un día de abril de 1959 adormeció mis manos cuando estiraba la hondilla que pensaba estrenar contra ella. Tenía en aquel entonces siete años de edad.
 
La paloma cantaba y cantaba mirándome a los ojos con ternura indescifrable, como perdonándome por lo que estaba a punto de perpetrar en su contra. De pronto algo dentro de mí hizo que bajara las manos y me quedé contemplando el horizonte azul.

Tan pronto alzó vuelo enterré al pie de un aliso mi primera y última hondilla. 
 
Aquel domingo, después de un largo paseo por los sembríos de Macpúm, retorné con los bolsillos vacíos, pero con el corazón henchido de felicidad y la conciencia tranquila.
 
 Ya en casa mi mamá me preguntó:

- ¿Por qué vienes tan contento?

- Es que he enterrado mi hondilla, mamita.

- Dios me ha escuchado hijito. Sin esa hondilla seguirás siendo un niño feliz.

Con el inconcluso poema en la mano izquierda, cual si fuera un guijarro, y la derecha sosteniendo un lápiz como calapa, fue como nació la hilacha "CUCULÍ", 13 años después:
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CUCULÍ
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No tengo buena memoria como quisiera, pues no recuerdo detalles que se quedaron asidos al alero de los años, mas el tiempo no logrará borrar la dulzura de tu canto. Canto de esperanza que en cada despertar vivifica mis sentidos.

Cuculí, si mi vida duraría una semana: el domingo sería eterna primavera fulgurando en tus pupilas de ébano; el lunes, verano abrasador con atardeceres escarlatas iluminando la línea del horizonte; el martes, vendaval de otoño deshojando ajadas margaritas; el jueves, crudo invierno envuelto en el sudario del recuerdo; el viernes, solo con mi soledad, mi leal compañera; y el sábado: "Gloria a Dios en las alturas, y en la Tierra, paz a los hombres de buena voluntad".

Cuculí, nunca dejes de cantar.

Lima, 16 de junio de 1973

Fuente:

Poemario "Sentimientos"
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CONOCOCHA, MODELO DE VIDA

Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)

Conococha es un gélido rincón de Ancash, sin árboles ni rosas, donde crece el ichu ennegrecido por el frío de la Puna. La laguna está cargada de truchas, y sobre sus aguas nadan cuadrillas de patos silvestres. La pampa es callada y quieta, sólo el fuerte viento se mueve inquieto, silbando sin cesar en su danza con los pajonales.

Pasar mis vacaciones escolares en la manada de Tupucancha, colindante con la laguna, fue un constante aprender, pues cada día tomaba lecciones de vida que los iba grabando en mi memoria, como bases del desarrollo de mi personalidad y como líneas directrices para enfrentar los retos cotidianos, sin menospreciar ni desafiar a la Pachamama. Por ejemplo:

-Del zorro aprendí a ser paciente, vigilante y a correr más rápido que la presa más veloz.

-La perdiz me enseñó a ponerme a buen recaudo frente a una imposible defensa.

-En la lucha de los carneros de enormes cachos y de raleada estampa, aprendí lecciones de valor sin alharacas ni falso orgullo.

-El búho con su mirada misteriosa y su canto agorero aumentó mis fantasías y mi interés sobre los mitos, las tradiciones, los cuentos y las leyendas de la zona.

-Los perros chuscos con abundante “guetu” sobre sus espaldas y su instinto de conservación me enseñaron a presentir la proximidad de una tormenta o la amenaza de un ser vivo.

-Las ovejas con su balido de alerta me prevenían del acecho de algún zorro o puma, para ponerme en guardia.

-Los toros y las vacas con sus mugidos me enseñaron a mantenerme en permanente comunicación con las personas de mi entorno.

-El pajarito 'tupuc chiquito' con su gran capacidad de mimetismo me dio clases de cómo pasar desapercibido ante el fuego del enemigo.

-El granizo, la nieve, la densa neblina, las nubes preñadas de agua y el intenso frío templaron mi carácter y mis defensas físicas.

-Los rayos, los truenos y los relámpagos me enseñaron lo pequeño que soy frente al Universo y ante el Poder Supremo de Dios.

-El olor a tierra mojada me enseñó, que el pasto sacia su sed al igual que lo hacemos los humanos, para poder crecer y florecer.

-El cóndor me enseñó que para vencer grandes obstáculos es necesario volar donde las moscas no llegan, y no como los seres  nocivos que buscan hacer daño arrastrándose al ras del suelo.

-Los pastores me enseñaron a vivir en fraternidad con la Madre Naturaleza, ser tolerante y bendecir al prójimo, el trabajo, la salud y los alimentos de sustento diario.

-De la huachua aprendí a ser observador perspicaz y desconfiado, pero respetuoso con quien se imponga por su valor, inteligencia y destreza.

-Las chinichalhuas de los riachuelos de la Pampa de Lampas con su gran movilidad antes, durante y después del peligro, me dieron clases de cómo mantenerme siempre en movimiento, alerta y sereno a la vez.

-Del puma aprendí que a veces es necesario retroceder para dar un gran salto, pues muchas veces damos saltos sin energía y nos vamos de bruces a la zanja.

-El pato silvestre y el aguash me dieron ejemplos de ubicación estratégica frente a un cazador furtivo.

-El ichu me enseñó a agazaparme hasta que pase el fuerte viento, luego pararme y si el viento continúa, bailar y silbar con él pero nunca retarlo, porque podría arrancarme del piso llanques y todo.

-Las cuevas me enseñaron que los hongos venenosos que viven en su interior mueren cuando les da la luz.

-De la vizcacha aprendí a salir a tomar el sol en el momento más preciso para evitar contratiempos y también a correr más rápido que la alimaña más veloz.

-Las peñascos, los cerros, el cielo aborregado, y los nevados perpetuos, me dieron la orientación necesaria para mantenerme siempre abrigado y de pie frente a la adversidad, porque en estos helados lugares hasta el cóndor usa bufanda.

-Los riachuelos me enseñaron a fecundar la tierra y no hacer trabajos estériles sin utilidad.

-Las tibias aguas termales que discurren por varias zonas de la Pampa de Lampas me enseñaron que es posible encontrar calor aun debajo de los témpanos de hielo.

-La laguna de Conococha con su despensa de truchas y su función irrigadora del Callejón de Huaylas, me enseñó a “guardar pan para mayo”.

-El puquial me enseñó, cómo desde lo profundo y gris puede brotar agua fresca y, que muchas veces es preferible beber en la cuenca de las manos que en vasos de cristal ,que en un momento dado pueden contener ponzoña.
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-El hombre de la Puna procura mantenerse activo para darse calor durante el día, porque sabe que la helada se impone al más tupido poncho y al más caliente chinguirito sabrosón.

-El expresivo lenguaje de los glaciares y sus estribaciones morenas hacen añicos la monótona tristeza cuando uno contempla este salvaje paisaje con los ojos del alma.

-En el crepúsculo escarlata, los contornos de los picachos del Tucu Chira parecen una enorme cierra acerada besando el cielo. Basta un minuto de meditación frente a este singular espectáculo a cielo abierto, para escuchar la voz de la la Madre Naturaleza pidiéndonos conservarla y amarla a ultranza.

-Los infatigables arrieros me enseñaron que un corazón valiente y firme, es capaz de inspirar respeto y afecto al mismo tiempo.

En fin, Conococha me enseñó que por más desolado y frío que amanezca el día, siempre está latente la esperanza de un mejor estilo de vida si nos dejamos llevar por las enseñanzas que nos brinda la Biblia.
 
 
CONOCOCHA EN EL TERCER MILENIO

Ya había pobreza cuando era niño,
y hoy, que peino canas, también;
por más que surcan su suelo
miles de carros mineros.

El asfaltado parece la cara lunar
sobre el viaducto de Antamina;
mas no tengo en mi memoria
recuerdos asolando la Puna.

Ahora más tiendas escoltan la vía;
pero la desesperanza campea,
a más de 4 mil metros de altura
por la laguna que muere a porfía.

Recuerdo sus 7 casitas de tapias
recostadas en las frías laderas,
donde los hombres de ichu reían,
junto a sus dulces compañeras.

Al paso de los peregrinos
sus manos eran torcazas
con alas de esperanza
volando en la neblina.

Desde entonces no me olvido,
de aquellos buenos amigos,
ni de las huachuas y los patitos,
que poblaban la laguna.
 
Nalo Alvarado Balarezo
 .
 
Fuente:

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