miércoles, 1 de marzo de 2017

DANZA ANDINA E IDENTIDAD NACIONAL - POR AGUILAR BAILÓN DE LA CRUZ

 
DANZA ANDINA E IDENTIDAD NACIONAL

Por Aguilar Bailón De la Cruz

Quién pudiera imaginarse lo trascendente, lo mágico y religioso; lo ideológico, sociológico, antropológico e histórico de la danza andina. Como tal, es la expresión viva y vigente de nuestra realidad; lleva en su esencia misma la fuerza inquebrantable de la comunicación más genuina; cuyo mensaje es lo real maravilloso de un pasado glorioso e incomparable. La Danza Andina guarda toda una energía para gestar, organizar, desarrollar y afianzar nuestra identidad Nacional. He allí el problema y el reto de todos los peruanos.

No es difícil decodificar su mensaje. Es fácil para aquel que lleva en su sangre el orgullo de ser peruano. La danza andina es mística, hermosa y vivas; es cautivante, colorido y desafiante; es telúrico, inmenso y mucho más. Es el universo que refleja muchas realidades del hombre peruano; aveces poco comprendido en una sociedad como la nuestra. Su fuerza está en la misma esencia de la naturaleza. El Perú es el gran escenario gravitante de toda América. Allí está el espíritu inconfundible de nuestros antepasados, de aquellos runas que forjaron una cultura floreciente. En él subyace la energía y el desafío del presente y del futuro, y está el alma de América , una patria distinta de todas las patrias.

La Danza Andina se siente y se vive desde Tumbes a Tacna, su nombre es muy sugestivo y de singular significación. Es un problema y a la vez una realidad muy hermosa, y de matices incomparables. Es motivadora; une y desafía a la vida. Los niños, jóvenes, adultos y viejos llevan en su pensamiento y corazón, la pureza y genuina autenticidad. En fiestas patronales, en las faenas agrícolas y otras actividades, se torna más vigente y de colorido muy singular. Esta particularidad refleja lo conocido y desconocido que abriga la entraña más profunda de nuestra mamapacha.

Esta realidad motiva y contagia. Es mágico-religioso y mítico. A través de ella se comunica el estado alegre, valiente y el coraje de un “guerrero” que lucha sin desmayo al son de los procesos históricos, sociales y culturales. Es la vivencia más rica y profunda de nuestra sociedad andina. Es el vaso comunicante que no se debilita de generación en generación. Lo cual evidencia ser uno de los recursos vitales para construir esa realidad que tanto anhelamos: La Identidad Nacional.

El hombre andino es protagonista auténtico de la danza. En las fiestas patronales y faenas agrícolas, se expresan con cariño y entrega total, con sentimiento, pasión y romanticismo. No existen barreras que impidan su infinita plenitud. En el Perú tenemos millones de danzantes y cientos de danzas. Todas ellas significan una riqueza cultural de infinitas dimensiones. Es milenaria y de pureza inconfundible. Es el eje vital de la comunicación entre dos mundos: El pasado y el presente. Esta herencia no ha muerto. Está presente en la acción misma del hombre andino. Es la Pachamama su espacio vital. Existe una simbiosis entre el hombre y la naturaleza. Ello indica la presencia perenne e intangible que la comunicación es vigente y dinámica con los apus, los huamanes, los auquis, el taita inti, la mama quilla, mama cocha y otras deidades, que protegen de los males que asechan a nuestra sociedad. De allí surge esta frase: “Cuando danza el hombre andino la luz se hace más radiante y la naturaleza es más noble y generosa”.

La danza es uno de los medios de comunicación entre el hombre andino, la naturaleza y su grandioso pasado. Es importante el significado que denota esta realidad. Podemos decir que es la fuerza viviente que no se agota. Al contrario se enriquece y se vierte con mas trascendencia, el hombre vive y se nutre de ella. Es el corazón que late y late; es el pensamiento que añora su mundo de ayer; es el reciclaje permanente que insta germinar y hacer florecer nuestra identidad. Es pues, la comunicación más inmediata, efectiva y globalizante que busca su verdadero valor en todas las generaciones; y de esta forma construir un Perú integrado, con su propia identidad y autonomía para el desarrollo de sus pueblos.

Esta importantísima oportunidad motivó plantearnos las siguientes preguntas:

¿La danza andina, podría ser la comunicación más genuina de nuestra sociedad?

¿La danza andina, es la comunicación más inmediata con nuestros ancestros?

¿La danza andina, podría ser la comunicación más efectiva para forjar el presente y el futuro?
 
Así como estas y otras preguntas, podrían surgir a cada instante. En ciertos casos sin encontrar alguna respuesta; en otros, tal vez animándonos a investigar y penetrar en ese Universo muy rico. Pienso que no debemos dejar de lado y/o mirar como una simple inquietud, sino que existe una realidad concreta que amerita vivir con ella para comprenderla, amarla y valorarla.

La danza andina es la encarnación del espíritu de nuestros ancestros. Es la vida que forma y constituye un fenómeno colectivo. Este, de por sí, es un medio de comunicación diferente. Ello motiva cultivar el estudio y la práctica de la danza andina, no solamente como una necesidad científica, sino como una fuerza socio-cultural que permita crear condiciones objetivas y subjetivas para propiciar cambios sustanciales de la situación actual en que vive nuestra sociedad, principalmente los hombres del ande.

Nosotros no nos imaginamos el gran significado que tiene la danza. Allí está la comunicación real-objetiva del hombre con la naturaleza, con su mamapacha que la viera nacer; allí está ese encuentro y diálogo permanente. No tiene inicio ni fin. Es el universo sin igual y una dulzura interminable.

La belleza de la danza es incomparable. Su música, sus gestos y sus movimientos vivaces, sólo se comparan con las expresiones más vivas de otras culturas superiores. Es imposible ignorar y olvidar. Tiene un espacio firme y seguro en el pensamiento y el corazón del hombre andino. La danza es descubrirse así mismo, es estar presente en esa historia ancestral. No existe otra como ella. Su música embruja las almas. La quena, la tinya, la flauta, la mandolina, la guitarra, la zampoña, la trompeta, el saxo y otros instrumentos armonizan sus cautivantes notas. Allí está presente “TODAS LAS SANGRES” como escribiera el insigne e inmortal Indigenista José María Arguedas.

La danza es el enlace del presente con el pasado para mira hacia el futuro. En ella todos son actores, además del hombre, los ríos, las cordilleras, las lagunas, las quebradas, la puna, los parajes, sus faunas, los valles y las ruinas pre-históricos e históricas; los caminos pedregosos, las casas, etc. Allí está presente la danza. Desde este espacio se convierte en el eslabón fraternal que busca forjar y consolidar la unidad de todos los peruanos. Nunca como ahora había sentido la necesidad de seguir danzando y aproximarme a su escencia misma para conocerme más y llegar con ternura al corazón y pensamiento de mis hermanos del ande.

La danza, es también, una vivencia cultural contestataria al mundo de hoy. No es casual decir que la indiferencia de algunos y/o de muchos -en un determinado momento- reflejaron su debilidad cultural para comprender a plenitud las auténticas expresiones del Perú profundo. Ahora el panorama es diferente y muy importante. Vale decir que en diferentes puntos del país existen talleres de danzas. Las instituciones educativas propician todos los años concursos de danzas y canciones. Los pueblos con sus fiestas costumbristas acentúan su vigencia y enriquecen su expresividad, dándole mayor fuerza y vigor para consolidar la forja de nuestra Identidad Nacional. Y desde luego, todo ello, es el resultado de un proceso permanente. Para lo cual se requiere la participación activa y solidaria de todos los verdaderos hijos del Perú.

Es oportuno decir que la danza andina es medio de comunicación con singulares características. Sus mensajes, a veces, son nostálgicas y alegres, otras veces desafiantes a todo; es una realidad muy hermosa, a la vez una fuerza insustituible del hombre andino. Tiene un profundo significado en la existencia del hombre Peruano, porque en ella expresan sus sueños, su existencia; su pasado glorioso e indómito; sus frustraciones, sus anhelos y sus momentos más románticos. Allí esta todo.

Innumerables veces hemos danzado. En ella se siente la vivencia del pasado glorioso. Su música embrujan las almas. La energía se acrecienta. La alegría se torna mas inmensa. Nos acercamos más a la esencia de la mamapacha. Y desde esta instancia se vive , se saborea y se aprecia la vivencia objetiva del hombre andino. Es un desafío a todo. Es una energía que eleva la lucha y el coraje; es el camino que conduce hacia una realidad irreversible. A partir de estas circunstancias pensamos y decimos: “no estará muy lejos lograr la Identidad Nacional “ con la fuerza telúrica de nuestras danzas.

La Identidad Nacional. Es una necesidad vital e histórica para el proceso de integración y desarrollo del país. En este aspecto, pensamos que la danza andina será uno de los elementos coadyuvantes que facilitará preparar las condiciones.

Poco o nada se ha estudiado la real dimensión comunicativa de la danza andina. Este motivó hacer una reflexión, y vale decir que nuestra danza es superior e incomparable con relación a otras expresiones similares de otros países, porque –entre otros aspectos- desafía todo y está en la capacidad de romper todas las barreras adveras, edificada por una sociedad indiferente e ignorante con las expresiones culturales auténticas de nuestro querido Perú. A partir de esta situación es importante entender y hacer entender a nuestros hermanos que la danza andina es un medio de comunicación diferente para construir una sociedad integrada y con Identidad. Esta es la tarea. Estamos en pleno trabajo.
 
 

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