lunes, 6 de febrero de 2017

MI MEJOR REGALO DE NAVIDAD - POR ÁUREO SOTELO HUERTA (AEPA AIJA)

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MI  MEJOR  REGALO DE NAVIDAD

Escribe Áureo Sotelo Huerta

Raymi, mi nieto, ha cumplido cuatro años, transparentes como campanitas de cristal. Sus pasos son menudos pero siempre ligeros. Él no camina, corre por la vida. Le falta aliento para decir todo lo que piensa  que a veces tiene que inventar palabras, como si le faltara tiempo para conocer, para  alcanzar todo lo que quiere del mundo,  para llegar a donde, sin duda, quisiera llegar.

Por eso, cuando le enseñaron  a decirme “abuelito”, él me bautizó como: Lito. Y yo me siento contento pues dicen que quién más nombres recibe es porque mucho lo quieren.
 
Por mi oficio de maestro y dramaturgo, paso el tiempo libre que me queda escribiendo en mi biblioteca. Una mañana Raymi entró  y me dijo:

-Lito, yo también quiero escribir.

-Muy bien -le contesté -¿qué necesita para eso, caballero?

Él se subió a una silla y respondió: Papel y lápiz.

Atento, me puse de pie, le acomodé un cojín para que alcance a la mesa y le entregué  lo solicitado.

Él, por supuesto, con sus pocos años, no sabe escribir, pero muy circunspecto empezó a hacer rayas y garabatos  en el papel. Como acostumbro tomar café mientras escribo, le ofrecí:

-¿Un cafecito, señor escritor?

 -Claro -me contestó.

Así es él, me sigue en mis movimientos y, a menudo, en mis palabras.

El 24, día de Navidad, nos preparábamos todos para recibirla. Viendo nuestro Nacimiento con el Niño Jesús en el pesebre, recordé que así nacen tantos niños pobres en el Perú, sin que a veces ni siquiera tengan la compañía fraterna de una vaca o de un burrito y, lo que es peor,  ni de un San José,  entre nos, papá.

Raymi, conocedor de la hora que llego, me recibió montado en su vieja bicicleta y me manifestó: -Lito, esta bici ya me queda chica, tú me has dicho que coma bien para crecer, cuando crezca más, ¿dónde van a quedar mis pies?

Yo le pregunté: ¿Qué me quieres decir con eso? Abrazándome  contestó: Abuelito, quisiera una bicicleta más grande por Navidad.

No pude negarme. Raymi corrió por la casa  con gritos de júbilo:
 
-¡Voy a tener una bici nueva!

Mi otra nieta, Ivanna, de nueve años, al escucharlo, se acercó y me susurró: ¿Me compras un par de patines? Yo tengo un scooter, pero eso es para niños chicos. Con patines puedo hacer piruetas y otros juegos.

-¿No te harás daño con patines? -me preocupé.

-No, aprenderé -fue su rotunda respuesta.

-Bien chicos. Raymi e Ivanna, prepárense, vamos a la galería comercial de la avenida, allí  he visto muchos buenos juguetes -les invité.

Al momento de salir, vi a Paolita, la hija de Deli, la asistente de la casa, observándonos con atención y tristeza. Yo pensé, esta niña me llama “abuelito”, cada vez que llego me dice: Lito, ¿has traído bizcochitos? Y si le doy algo corre a compartirlo con su mamá. Paola se había ganado un regalo de Navidad. La llamé: -Paola, avísale a tu mamá. Dile que vas a ir con nosotros a la galería. 

-¿A la galería? ¿Yo también? -inquirió asombrada.

-Vamos, no te demores. -la animé.

Ivanna intervino: ¿A ella también le vas a comprar lo que te pide?

-Seguro que mi Lito le compra porque él es muy bueno. -intervino Raymi.

-Si, ella es buena, merece un regalo, es cariñosa como ustedes y todos la queremos. -subrayé.

-Lito, todos saldremos a la calle con juguetes nuevos. -exclamó Raymi.

Me salió lo de maestro y dictaminé: Los juguetes son para jugar con los amiguitos, estar contentos y felices, no para exhibirlos y demostrar que uno tiene el juguete más caro. ¡No lo olviden!
 
Cuando llegamos a la galería, Raymi me llevó de la mano directo al stand de las bicicletas,  y escogió la que él quería.

-¡Mira ésta! Tiene claxon, parrilla para llevar a mi amiguito, canastilla para pasear a nuestro Yacu.  ¿Te parece?

-Hay la misma bicicleta de varios colores ¿cuál de ellas? :manifesté.

-Lito, quiero que sea del color que a ti te guste -pronunció mirándome a los ojos.

Este niño sabe hacerme feliz. Escogí la roja. Raymi salió montado en su novísima bicicleta e Ivanna hizo lo propio con sus patines. Ojalá Paola no pida una bicicleta, invoqué para mis adentros palpando mi billetera. Pero los niños pobres parece que nacen  con deseos humildes. Ella escogió un juego de Ludo.

-Lito, ¿me puedes comprar también esta blusita? -se atrevió a preguntarme.

Se la entregué: le vi acariciar una muñeca de ojos centellantes, pero no dijo nada. Me di cuenta de su anhelo y también se la regalé. Paola me apretó  la mano y se le humedecieron los ojos. Raymi e Ivanna miraban en silencio. Regresamos a casa. 

En la cena pascual, reunido con mi numerosa familia ante una clásica mesa con pavo, ensaladas y bebidas, me puse de pie para comentar cómo la Navidad conmueve los corazones, nos hace reunirnos y hacer regalos, abrazarnos… nos infunde deseos de ser felices y hacer felices a los demás. Recordé algunos hechos gratos de mi infancia, cuando fui pastorcillo  de los Nacimientos en Aija. Mencioné a Paolita y su emoción silenciosa con su nueva muñeca. Los niños como ella esconden sus lágrimas y sus risas.  Como me gusta cantar terminé entonando el vals “Navidad del Niño” de Augusto Rojas Llerena. 
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“Navidad del Niño, ilusión primera
de los que pudieron tener un flautín;
mientras que en la esquina transparente luce
la hermosa vidriera un gran carrusel,
hay una carita que muy triste dice:
quizás algún día se acuerden de mí…”

 Interrumpiendo los aplausos, manifesté:

-Ahora quiero escuchar la voz de mis nietas y mi nieto.

Nadie se decidía, pese a que sus madres les codeaban.

-Aquí va una pista, digan qué quieren ser cuando sean grandes -sugerí para ayudarles. 

De inmediato, Raymi se subió sobre una silla  y elevó su voz:
 
-¡Pido la palabra, cuando sea grande, yo quiero ser bueno como mi Lito para que todos siempre estén contentos y felices. 

La emoción inundó mis ojos y hasta hoy me envuelve como una ola de ternura.

A lo largo de mi vida, avatares más, avatares menos, he atravesado pequeños y grandes triunfos  con su correspondiente retahíla de fracasos, pero nada me ha hecho sentir más realizado que haber podido inspirar en este niño, candoroso y puro, un pensamiento tan lleno de amor al mundo. Sus palabras me han abrazado  el alma, abrigado el corazón, iluminado mi horizonte más allá de lo que pueden ver mis ojos. He sentido y aun siento como si al fin me hubiera llegado el regalo de Navidad que jamás soñé.
 
 Dramaturgo mundial Áureo Fermín Sotelo Huerta
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