miércoles, 12 de octubre de 2016

DÍA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS: HUELLAS DE LA UTOPÍA - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN



 
 
   
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO

 
SANTIAGO DE CHUO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL
 
*****
 
12 DE OCTUBRE

 
DÍA
DE LOS PUEBLOS
ORIGINARIOS
 
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 
HUELLAS
DE LA
UTOPÍA
 
 
Danilo Sánchez Lihón
 
1. Y es que
aquí
 
Lo que más impresionó a los cronistas de la conquista del Perú en su encuentro con las diversas manifestaciones culturales que veían a su paso, al ingresar al territorio del Imperio de los Incas, fueron los formidables monumentos y obras públicas que ni Roma las tenía, según sus propias palabras.
Como también otra constatación fundamental es que eran bienes y edificios de uso público y que tenían un fin social, es decir que era para todo el pueblo, como son los tambos y los puentes, los canales de riego y los caminos; como también los andenes y terrenos de cultivo y las obras de ingeniería dedicadas al bienestar de la población, que lucía como lo más sobresaliente.
Además, el no encontrar aquí ni un solo mendigo, ni un solo desocupado, ni un solo vagabundo ni esclavo. El no encontrar en calles o paraderos, en esquinas o en cualquier lugar que fuera, ni una sola persona abandonada, desgajada del racimo de su ayllu o comunidad, nadie desamparado en una calle y ni una sola meretriz en una esquina.
No hallaron aquí a nadie que se quedara un día de hambre, o que se guareciera bajo cualquier enramada por estar desprotegido o en soledad, en el sentido de abandono o desolación. Y es que aquí nadie era un desposeído o un desheredado de la tierra.
 
2. Grado
de acción
 
Todo ello fue así gracias a una avanzada concepción doctrinaria, filosófica y práctica acerca de la vida en general. Pero a la vez era concepción religiosa, mística y sagrada acerca del mundo y del cosmos; gracias a un hondo trabajo de reflexión y gracias a una praxis social bien concebida y mejor conducida.
Porque, ¿cuánto costó a Europa, por ejemplo, la concepción y luego la instauración como principios en la sociedad de su época de los Derechos Humanos? Costaron ríos de sangre, pues de ese color se tiñó el río Sena en los días de la Revolución Francesa. Aquí se tuvieron Derechos Humanos a plenitud y en paz.
Aquí no ocurrieron tales desmanes y hecatombes, y se alcanzaron a instaurar varios niveles avanzados de los Derechos Humanos, incluidos los Derechos Económicos que ni siquiera lo alcanzaron a plasmar las sociedades más avanzadas, como logro del pensamiento y la educación que ejercieron los amautas incaicos.
¿Qué características y claves secretas tenía entonces la educación aquí para garantizar dicho orden?
Valores como la solidaridad y el actuar de manera colectiva, entre una y otra persona, entre uno y otro grupo social, entre una y otra región, era lo que se ponía de manifiesto y alcanzaba calidad y grado de acción.
 
3. Cobren
actualidad
 
El reconocerse y ser hermanos en todo, aquí se lo practicó de manera natural, efectiva y prístina, haciendo de ello el eje de la organización social.
Y por haberlo concretado así el resultado es un prodigio cultural sin ningún parangón en la cultura universal.
Surge entonces inatajable la inquietud: ¿Cómo hacer ahora para recuperar estos hechos tan significativos y sorprendentes, como es el colectivismo andino?
¿Cómo hacer para avanzar desde el más mínimo brote e ir expandiendo esa semilla, ese don y esa heredad nuestra?
¿Cómo hacer para que dicha realidad cobre total y plena vigencia?
¿Cómo hacer para que contenidos de aquel orden social que constituyen nuestro legado cobren actualidad y nos sirvan en las circunstancias presentes y futuras de nuestras vidas?
Porque dichas huellas de la utopía están en nuestra propia genética, están entonces para hacer con esas semillas la proeza de hacerlas nuevamente germinar y darlas un nuevo esplendor.
 
4. Vibra
y es latente
 
He allí el reto para las generaciones actuales en nuestra sociedad, cual es hacer que esa cultura que se mantiene en una situación latente se reactive, considerando además la situación innegable de pobreza material y de riesgo incluso de supervivencia, haciendo que todo aquello revierta y pudiéramos manejar la situación como para que alcancemos lo que se lograra en ´poca de los incas.
El reto de ser una alternativa original y viable en el marco de la globalización, es cómo hacer para que pese a los valores que contiene no siga el mundo andino en una situación de postración, marginalidad y atraso.
Y, finalmente, el cómo hacer para que las desventajas de dicho mundo, frente al sistema imperante, se tornen en algo que pudieran ser más bien fortalezas y corrientes promisorias. No olvidando, de otro lado, que el mundo andino, además de ser cuna y ámbito de valores, es espacio y tiempo donde vibra y es latente la utopía, matriz esencial de nuestra cultura.
Utopía que aquí no es gratuita, que aquí no es delirio, ni éxtasis, ni alucinación evanescente o etérea, sino comunidad que la contiene, defiende y orienta.
 
5. Un mundo
mejor
 
Utopía que aquí no es materia o sustancia que flote dislocada en el aire, sin ninguna relación con la realidad, sino al contrario. Utopía que aquí es consustancial al hombre, que es de vida o muerte; materia telúrica, terrígena e inherente a las relaciones efectivas de trabajo, de conciencia y relaciones coherentes y cotidianas de hombre y naturaleza, y de los seres humanos reunidos e integrados.
Incluso, como la papa, este es un aporte que le hemos dado a la civilización, que se grafica en la metáfora de El Nuevo Mundo, que nació aquí para fundar entre nosotros algo distinto.
Diferente a las calamidades, persecuciones y pestes que era lo más frecuente que ocurriera en el viejo continente y que nos viniera desde allá, incluyendo el oscurantismo, la nigromancia, la hechicería y la guerra que lo trataron –y lograron inocular en el siglo pasado– de trasladarlo a nuestro continente.
Porque el nuestro ha sido siempre un mundo de alborada, de saludo matinal al sol, de ofrenda a los apus. Los nativos somos seres sin taras ni dobleces, tanto que al ver esto el europeo vuelve a soñar aquí en un mundo redimido de pecado.  Nos toca entonces reivindicar la utopía y luchar porque sus valores sean vigentes y se forje con ella un mundo mejor.
 
6. Orla
en la frente
 
Como cultura estamos signados por el compromiso de idear siempre un orden distinto, elemento que está inserto en nuestra genética histórica y biológica; e implícito en nuestro ser cultural.
Somos un sueño de nosotros mismos que abarca a todos los demás, en donde incluimos a los europeos, escépticos y decepcionados de ellos mismos, que aquí volvieron a soñar en un mundo que los salvara de sus propias culpas y remordimientos.
El nuestro es, por lo menos, el ámbito de la ilusión y tierra del anhelo, impulso y acción por forjar un mundo mejor.
Fuimos un suelo de promisión que ahora parece un sueño, pero las huellas han quedado y son tangibles, están en nosotros mismos, se trata de hacerlas evidentes, ostensibles y seguirlas.
Tenemos esa orla en la frente de lo que fuimos y somos, en contraste a aquel mundo protervo que vino de afuera y se ha instalado ahora pero que es un deber cambiarlo y ojalá que de raíz y de modo contundente para volverlo a construir sobre otras bases.
El nombre del Perú por lo menos eso significa: utopía, tierra prometida, ámbito de lo ideal y lo soñado.
 
7. Lúcida
y renovada
 
Por eso, es válido recordar aquella esencia, el de la utopía, como comparación y reto frente a ese orden actual inicuo, nefasto e injusto. Sistema que ha instaurado el imperio de la usurpación, el despojo y la usura, representado en la corrupción generalizada que brota por doquier.
Emerge como un hongo o una pus no de un país determinado, sino como característica general del sistema y del modelo de sociedad, economía y de vida capitalista.
¿Y desde la literatura, o más concretamente desde la poesía, qué podríamos hacer? En primer término dejar constancia de lo que somos de manera primigenia, y lograr que nuestra voz sea coherente con la construcción de ese horizonte y esa perspectiva por cumplir.
Muchas alternativas se podrían avizorar desde la poesía o desde el trabajo literario a fin de poder contribuir a la forja de una lúcida y renovada utopía andina.
Que, además de poder interpretar mejor esa realidad, se concrete en plasmar obras que se inspiren en ese contenido de que somos genéticamente portadores, que se plasme en obras que tengan buena y ojalá que excepcional calidad, porque las utopías no son sueños vagos ni desarticulados sino ahora ineludibles e inaplazables imperativos morales.
 
 
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El texto anterior puede ser
reproducido, publicado y difundido
citando autor y fuente
 
Teléfonos: 420-3343 y 602-3988
 
dsanchezlihon@aol.com
danilosanchezlihon@gmail.com
 
Obras de Danilo Sánchez Lihón las puede solicitar a:
Editorial San Marcos: ventas@editorialsanmarcos.com
Editorial Papel de Viento: papeldevientoeditores@hotmail.com
Editorial Bruño, Perú: ventas@brunoeditorial.com.pe
Ediciones Capulí: capulivallejoysutierra@gmail.com
Ediciones Altazor: edicionesaltazo@yahoo.es
 
                        

 
 

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