lunes, 6 de junio de 2016

FLOR DE RETAMA - POR ARMANDO ALVARADO BALAREZO (NALO)

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FLOR DE RETAMA 

Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo) 

Conocí a Flor cuando ella tenía seis añitos. Sus padres poseían sembríos de pan llevar junto a los de mi abuelita materna. Era una niña bella, dulce y generosa. Pocas veces caminaba por las calles del pueblo. En las fiestas patronales se paraba en la plaza para ver pasar las comparsas del Inca y del Capitán bailando al son de las bandas y orquestas.
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En una de mis visitas a la chacra le pregunté:

- ¿Qué quieres ser de grande? -ella sin dudar, respondió:

- ¡Tu enamorada! -y se fue corriendo a esconderse en el maizal.

Siempre nos llevamos bien en aquel lugar de ensueño, pese a ser distintos. Ella tranquila y esquiva, yo, travieso y amigable.

Durante las épocas de siembra, riego y cosecha, montábamos burros, buscábamos nidos en los molles y alisos, cogíamos grillos y corríamos tras el vuelo de las mariposas. Ella preparaba mis comidas calentando al sol: habas y ocas maduras en ollitas de barro. La recuerdo mirando las yuntas durante la siembra, junto a su gatito 'Chimuco'.

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Me recortaba el cabello con tijeras imaginarias o caminaba por los surcos recién arados con una calabacita bajo la chompa, aparentando un embarazo. Todo era maravilloso en nuestro edén terrenal, hasta que inicié mis estudios secundarios. Ya muy poco iba a la chacra. Conocí chicas de los centros poblados vecinos que se matricularon en el colegio de la provincia. Mi pequeño mundo cambió de repente.

Una mañana de Sábado de Gloria la encontré en la puerta de la iglesia esperando al párroco. Para ese entonces Flor bordeaba los 14 años. Durante la breve charla me confió que deseaba ser monja. Estaba apenada por algo nefasto que le había ocurrido, pero que prefirió no comentarme; apretó mi mano y se marchó cabizbaja.

Con el paso de los meses su afecto por la sotana y los hábitos hizo que se enamore de un adolescente que estudiaba en el Seminario de Huaraz. Me confesó este secreto una tarde que estaba sentada en una banca saboreando una raspadilla arco iris.

Pasó varios años felices, hasta que un día nublado Flor se enteró que su 'Romeo andino', había abandonado el Seminario para estudiar en Lima una profesión liberal. Quiso ir tras él, mas sus escasos recursos económicos se lo impidieron; dedicándose en cuerpo y alma al estudio y al cultivo de su chacra. Su papá acababa de fallecer, y como hermana mayor tenía que ayudar a su mamá en el cuidado de sus hermanos menores. No recibió carta, ni tuvo noticias de su amor de primavera, prácticamente se hizo humo su adorado tormento.


Iniciándose la década del ochenta, su obstinación por el ex seminarista dio un giro total, pues llegó al pueblo un joven trovador huamanguino que la encandiló con los huaynos cantados por Martina Portocarrero Ramos y los versos del poeta Javier Heraud Pérez. A los pocos días de conocerse viajaron a la provincia sureña de Huanta, donde se instalaron.

Una mañana lluviosa de abril de 1989 el trovador salió del hogar para nunca más volver, causándole profunda depresión.

A mediados de 1990 conoció en la universidad de Huamanga a un sociólogo de una ONG europea, y gracias a su apoyo viajó a Suecia. En Estocolmo estudió Ingeniería Hidráulica, obteniendo el título que le valió para conseguir un trabajo bien remunerado en Västennorrland, donde posee una casa hacienda con vista a los glaciares.

Hace unos meses, en circunstancias que tomaba fotos a un grupo de amigos en una fiesta patronal, la vi bailando y cantando al compás de la banda el huaynito 'Flor de Retama' del compositor Ricardo Dolorier Urbano, creado en diciembre de 1970 en el marco de la Revolución de Huanta del 22 de junio de 1969, contra el Decreto Supremo Nº 006 – 69 / EP de 04 MAR 69, que recortaba la gratuidad de la enseñanza
a nivel nacional, obligando a los alumnos desaprobados a pagar 100 soles mensuales.
 
.Ricardo Dolorier, en círculo, junto a su esposa

La belleza de Flor no había decrecido con los años; por el contrario, se mostraba jovial y hermosa. Cuando calló la música me acerqué a tomarle una vista y me pidió que no lo haga. Metió su mano a la cartera, sacó tres fotografías y me las obsequió, pidiéndome velar por la conservación de nuestras blancas cordilleras. Las dos fotografías que aparecen al pie, son de paisajes escandinavos muy similares a los peruanos. 

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Conversamos unos minutos durante la fiesta recordando tiempos idos; hasta recitó en sueco un trocito de mi poema 'El Chacarero'. Según me comentó, "una buena amiga" le había enviado por correo electrónico, junto a otros de mi autoría.

Al despedirse me pidió proteger la planta de retama que florea en la plaza del pueblo, luego tomó mi mano, y vi brillar sus ojos como en nuestros tiernos años.

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EL CHACARERO 

Entre arado, surco y canto
sembré buenas semillas,
las regué con tierno llanto
y fui feliz durante la trilla.

Las que rodaron al camino
se las llevó el fuerte viento,
y desde aquel triste momento
cayeron lágrimas del cielo.

Siempre late en mi mente
el recuerdo del hogar paterno,
donde el sudor de la frente
bendice al pan fraterno.

Si se persiguen los sueños,
la vida es trigo con destino,
porque forjamos desde niños
nuestro espíritu campesino.

Por eso echemos a la mente,
mil semillas de conocimiento
y cosecharemos diariamente,
libertad de pensamiento. 

Nalo Alvarado B - Paris, OCT 84
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