lunes, 2 de noviembre de 2015

LA DANZA DE LOS DIFUNTOS - POR JUAN JOSÉ ALVA VALVERDE (PEPE DE CHIQUIÁN)

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LA DANZA DE LOS DIFUNTOS

Por Juan José Alva Valverde


Las coronas preparadas por mi tía Dolorita, yo las había recogido dos días antes, mi querido viejo, Don Juan de Dios Alva Romero, era prevenido, puesto que en esa fecha especial, por ser día de los Difuntos, la demanda era tal que mi abnegada, laboriosa y perfeccionista tía Dolorita, les hacía trabajar al destajo (por producción) en la preparación de Coronas, al Joven Romeo Reyes; al púber Carlos Reyes  y al niño Vladimiro Reyes: Desde una semana antes del 1 de Noviembre los pedidos especiales predominaban. Para que no exista confusiones en la entrega, mi tía Dolorita, en un cuaderno exclusivo para tal fin, apuntaba con señas y medidas al gusto del cliente.

-Buenos días Doña Dolorita, por favor prepárame dos coronas, de tamaño normal, una blanca y morada, para mi mamacita, y la otra blanca y marrón; mi santa madrecita era devota del señor de los Milagros, y mi padre era devoto de San Panchito;

=Muy bien Don Matías, estará listo para el 26; ¿y no le llevará para su suegra?

-¿Para mi suegra Doña Dolorita?, como no, pero me prepara una grande pero de color rojo puro.

= ¡Yo no preparo coronas de color rojo!, no sea usted mal agradecido con la difunta Doña Filomena, si no fuera por ella no tendría a su esposa ni a sus hijos, ni tan poco vivirías en Chiquián, te hubieras quedado en Pancal (fundo en las alturas de Chiquián) metido en las cuevas.

-No se moleste Doña Dolorita, si le pido una corona de color rojo, es porque mi querida suegra, era hincha fanática del Cahuide, imagínese cuando yo conocí a su hija, la que hoy es mi mujer, yo jugaba en el Defensor Jaimes, y una de las condiciones para que me aceptara como yerno, fue que  juegue en el Cahuide.

=Bueno, bueno, pero de todos modos yo no preparo coronas de color rojo, no vaya ser que Doña Filomena se enoje conmigo, y vaya a jalarme de las patas.

-Bueno pues, entonces le llevaré sus velitas nomás, así me ahorro para dos cuartitos de ron en la tienda de la Puca pico (pico rojo=  dama Chiquiana que gustaba pintarse los labios de rojo encendido).

Las coronas colgadas en el perchero,  del dormitorio de mi querido viejo, me causaban escalofríos, me hacían pensar en la muerte, pero a mis 8 años; era el año 1963, la muerte me parecía muy lejana, y que solo le podía pasar a otras personas, no a ningún miembro de mi familia, porque  hasta ese entonces nadie de mi entorno familiar había fallecido; las coronas que todos los años mi querido viejo hacía preparar, era para su Madre, Doña Cristina Romero Prado, y la otra para su Padre, Don José Del Carmen Alva Márquez.

El 1 de Noviembre, me parecía un día sombrío, desde muy temprano notaba a mi querido viejo, triste, poco comunicativo, absorto; a las 2 de la tarde nos dirigíamos hacia el cementerio, por la ruta de siempre, bajábamos por el camino ubicado en la parte posterior Este, del campo deportivo de Jircan, al que se le llamaba también Plaza de Acho, camino que trazaba un paralelo con las chacras de Don Pancho Alva, (el que trabajaba en la Posta Médica); llegábamos al cementerio portando las Coronas, un ramo de flores, agua en una botella de Champaña, las velas, y los infaltables chocolates Sublime, que mi querido Viejo gustaba paladear.

=Papá Juan, ¿por qué no ponemos una corona allí en la Cruz común, donde ponen velas, flores y coronas, para los que no están enterrados aquí?

-No hijo, mi mamá, está en este nicho, mi Padre, está sepultado en el cementerio de Huacho, mis oraciones llegan a los dos;  desde que falleció mi Madre, al estar frente a su nicho  les rezo a los dos, les invoco a los dos, converso con los dos, por ello que las dos coronas, siempre las he colocado aquí.

=¿Cómo vas a conversar con mi abuelita?, si ella no te escucha, porque está…

-Es un decir, es como cuando uno reza, y le pides a Dios, que te cuide, que te dé tranquilidad.

=Si pero cuando uno reza, no conversa, solo rezas la oración, y lo haces, como te han enseñado; tu me has enseñado varias oraciones, te acuerdas ¿no?; el Credo, el Padre nuestro, el Ave María..

-Si hijo te he enseñado varias, pero cuando llegues a mi edad o quizás antes, vas a conversar con Dios, o con la Virgen María, entonces entenderás, que las oraciones forman parte del conversar con ellos, porque les cuentas lo que te preocupa, lo que te lastima, lo que te martiriza, le pides consejos, le imploras que mitigue tus penas, tus sufrimientos, y le suplicas que te dé fuerzas, para seguir luchando por conservar la vida, la salud, la de tu familia, de las personas que quieres, o le agradeces por todo lo que la vida te da, por la salud que tienes, por el trabajo, por las amistades, por alguien en especial..

=¿Tanto Pá?

-Si hijo, tantas cosas le ruegas, y ellos te escuchan, te comprenden, y sin que te des cuenta te responden; con mi Madre converso bastante, le cuento de todo, claro hay cosas que no le digo, porque hay cosas que no se deben contar a los padres..

=Si, pero yo te cuento todo, lo que hago en la escuela, lo que juego con el Chanchito, mi amigo, lo que deseo; a veces me aconsejas, a veces me riñes, y otras me dices, “pronto hijo, pronto”; y yo te escucho y después me pongo a pensar en ese “pronto hijo, pronto”, claro después me olvido.

-Me refiero que cuando somos mayores de edad, tenemos cosas de mayores, y esas cosas no se le cuentan a los padres, es diferente que les pidas consejos, eso esta bien, como te quieren te aconsejaran de la mejor forma; ahora lo que no se debe hacer jamás es mentirles, la mentira es lo mas dañino en todo, el que miente se acostumbra a mentir y vive en la mentira.

= Yo no te miento, solo que cuando me dices que agarre un caramelo del frasco, y en mi mano se pegan dos, no te miento

¿No Pá?

-Bueno, bueno, hablando de caramelo, los sublimes que están en el bolsillo de mi saco, ojala que no se hayan derretido; toma uno, después que hayas buscado dos recipientes para las flores, prendido las velitas, y hayas rezado todas las oraciones que sepas, a tus abuelitos, como premio te comerás otro sublime.

A espalda nuestra se escucha el sonido del Violín de Don Juan Jaimes quien con voz aguardentosa entonaba una jaculatoria  con tanto sentimiento y expresión de congoja  que los parientes de los cantados y rezados, trataban de pagarle un poquito más de lo pactado; al otro lado, el señor Carhuachín, hacía los mismo, y en la zona posterior, solo acompañado de su voz, al que había que ponerle toda la atención del caso, para poder percibir lo que trataba de pronunciar, Don Julián, el Sacristán, trataba de granjearse algunos cobres.

En casa no teníamos la costumbre de considerar los ritos de la noche del 1 de Noviembre; Esther, mi eterno amor, me contó hace buen tiempo, que su Mamacita, Doña Iraida Calderón, dejaba servido un buen plato de mazamorra de tocos (papas remojadas en agua corriente hasta la descomposición, que al cocinarse tienen la consistencia parecida al chuño), para el alma de sus queridos Difuntos.

Su abuelita Diega, a quien cariñosamente llamaban Mamá Leca, les contaba a todos sus nietos sobrinos, que compartían desde el callejón de entrada, el que colinda con la casa de Don Josué Alvarado, hasta los solares posteriores de las propiedades de los Calderón Ramírez; entre ellos, Beatriz, Esther, Nelly, Olinda, Alberto y Arnaldo; que en la noche del 1 de Noviembre, las Almas, salen del Cementerio, alumbrándose como si fuera un cirio, con sus respectivos huesos Húmeros, se unen entre miembros de una familia y se dirigen a sus respectivas casas;

-A mi casa entra mi Mamá y mi Papá, toman su tocos, y se dirigen a esa piedra laja grande que está junto al Hualtu (Cactus San Pedro, ubicado en la parte alta de la casa de Doña Iraida Calderón), allí esperan; los Difuntos de mi sobrina Laila (diminutivo de Iraida), hacen lo mismo y también se dirigen a la piedra laja grande; los difuntos de mi sobrina Jesusa, igual, cuando todos están reunidos allí, sobre la piedra laja grande, hacen una ronda y mirándose a la cara unos a otros, con la voz que les sale por la nariz, cantan:

“Antes tenías ojos bonitos,

Ahora tenemos ojos togollos” (ojos huecos).

Y haciendo chocar el pié de uno con el del otro, bailan y cantan:

“Chaquiquitá, chaquiquiquitá,

 Chaquiquitá, chaquiquiquitá”

(“mi pié con tu pié,

 Mi pié con tu pié”).

Así cantan y bailan, haciendo una ronda, cuando está cerca la medianoche, miran a todas partes, miran al cielo y suspirando profundamente, dicen:

“¡Ayyyyyy huaaaaaalá”, “¡Ayyyyyy huaaaaaalá”, “¡Ayyyyyy    huaaaaaalá”,

(“Me  voyyyyyy”, “Me  voyyyyyy”, “Me voyyyyyy”).

Cuando comienzan a suspirar, te tienes que tapar los oídos, por que sino eso que dicen, se queda en tu oído y poco a poco te vuelves loco, eso le pasó a Don Ishico (diminutivo de Isidro) de Cutacarcas (rincón de Carcas= poblado a varios kilómetros de Chiquián).

A estas alturas de la narración de la Mamá Leca, Esther, Nelly, Olinda, Alberto, y  Arnaldo que en ese momento tenían entre 6 y 9 añitos de edad, estaban agarrados de las manos, mirando de rato en rato a los lados y hacia atrás, y como  la abuelita les contaba esto y otros, generalmente en las tardes, cuando los niños le iban llevando su lonche, no faltaba un perro atolondrado que justa y precisamente en ese momento se ponía a aullar, entonces los niños, que inicialmente se tomaban de las manos, se cogían  de los brazos, los ojos se les agrandaban, la respiración se les aceleraba, los latidos cardíacos se les tornaban arrítmicos y comenzaban a sudar frío; la abuelita, casi dormida, finalizaba la narración, diciendo:


-Canan día, (hoy día) refiriéndose al 1 de Noviembre, Taitansi Chuncaramansi, (nuestro padre Dios nos selecciona), “kay manam, kay aumi, kay manam, kay aumi, kay manam, kay aumi,”

(“este sí, este no, este sí, este no, este sí, este no”), eso significa, continuaba hablando la abuelita; que en el año que se inicia desde del 1 de Noviembre al 31 de Octubre del próximo año, los “kay aumi” (este sí), partirán al más allá; para que todos los 1 de Noviembre, al anochecer, salgan del cementerio, alumbrándose con su hueso humero, cual cirio, y llegando a su casa  tomen su mazamorra de tocos,  canten y bailen la danza:

“Antes tenías ojos bonitos,

Ahora tenemos ojos togollos” (ojos huecos).

“Chaquiquitá, chaquiquiquitá,

Chaquiquitá, chaquiquiquitá”

(“mi pie con tu pie,

 Mi pie con tu pie”).

“¡Ayyyyyy huaaaaaalá”, “¡Ayyyyyy huaaaaaalá”, “¡Ayyyyyy    huaaaaaalá ”,

(“Me  voyyyyyy”, “Me  voyyyyyy”, “Me    voyyyyyy”).

Gratamente: Juan José Alva- (Pepe Alva).


REYDA ALVARADO: CHIQUIANITA BELLA MUJER

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